Àngel Romaguera posa sobre el escenariodel Novo Café Lisboa, que cierra a final de este mes. | Pere Bota

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Los acordes dejarán de sonar cuando termine este 2022 en una de las salas de conciertos más veteranas de Palma: Novo Café Lisboa. Un espacio que comanda Àngel Romaguera (Palma, 1980) y que, desde sus inicios, hace ahora diez años, potencia la cultura, a los artistas y sus creaciones. La pandemia, el rumbo que ha tomado la barriada de Santa Catalina y, sobre todo, la subida del alquiler de este local de la calle Sant Magí, ha propiciado el «precipitado» final de un espacio que deja una huella imborrable.

Quedan algo más de diez días para que el Novo Café Lisboa cierre sus puertas. ¿Qué ha ocurrido para llegar a este punto?
— Una cascada de circunstancias. La primera fue, evidentemente, la pandemia, tuvimos que cerrar 18 meses. Tuvimos abierto en periodo de prueba antes del primer rebote, se trabajaba en un contexto muy penoso, con restricciones enormes, lo que conllevaba un resultado económico irrisorio. Por eso en verano de 2021 no abrí y así hasta casi finales de ese año. Lo segundo fue la gestión del tema del ruido con nuevos vecinos y nuevas viviendas. La herida era muy grave. Nos comimos los mocos hasta junio de 2022, cuando me dijeron que me subían un cien por cien los tres alquileres –el local y dos viviendas superiores–. En ese momento te quedas literalmente con cara de idiota.

No tenía otra opción.
— No. Pensé: ‘vamos a salir dignamente‘. Negocié tres meses (entre septiembre y este mes de diciembre) para poder despedirme. Consideraba que estaba en deuda con el público y me quería quitar ese mal sabor de boca, esa espinita, si me hubiera ido en septiembre habría sido a pelo. Negociamos eso, cerramos un traspaso y al final se arreglo y poder irme con la cara muy alta.

Aunque cierre el local, ¿seguirá viviendo aquí?
— No. Ya no vivo en Palma porque es una ciudad que ya no me aporta nada. Me he ido contentísimo, además.

Las licencias, el ruido y los alquileres están siendo un problema para las salas de música en directo en Palma.
— Lo entiendo. En mi caso, el local está insonorizado, pero si el Ajuntament da cédulas de habitabilidad a cualquier zulo de alrededor tenemos un problema. Se debería hacer un estudio de los locales que ofrezcan música en directo y no permitir que eso ocurra, pero claro, se mueve cielo y tierra porque se quiere sacar tajada de los alquileres. Hay conflictos entre hosteleros y vecinos, pero el enfado que yo pueda tener viene de una gestión integral que creo que viene dada de los tiempos de auge de Cursach, diría yo.

¿Qué quiere decir?
— En Palma se han movido hilos en beneficio de unos pocos, en el sentido de que no hay ciertas competencias a nivel de lo que es el sector musical. Hay una diferencia entre cultura y ocio, el Lisboa no es Live Music Bar, siempre hemos trabajado en una línea cultural donde la música no es un mero relleno. Esa filosofía parte de la necesidad de sacar resultados económicos ante unos gastos desmesurados, empezando por los alquileres.

¿Existe un problema real con las licencias para las salas de música en directo?
— Hay muchas cafés concierto que no ejercen como tal y solo son un bar de copas, y eso no ayuda. La licencia de café concierto se ha visto perjudicada en ese aspecto. Además, tiene el estigma de la nocturnidad y viene dado a raíz de la gestión de ciertos sectores y empresarios que han tirado más por el ocio que no por la cultura. Es algo que se debería revisar.

Entonces, las instituciones tienen algo de responsabilidad en este caso.
— Guarda alguna relación, pero creo que tiene más que ver con la gestión del modelo de barrio en Santa Catalina y su gentrificación. Un modelo con el que no me siento identificado y eso sí puede formar parte de las decisiones que tome el Ajuntament, pero, ¿cómo gestionas un barrio de ocio? ¿Cómo paras esta maquinaria? Lo que manda aquí es la pasta.

¿Qué pierde Palma sin un espacio como el Novo Café Lisboa?
—Y o diría que pierde un icono que ha demostrado que podía hacer cosas muy interesantes. Saldrán otros. Cuando murió el Bluesville surgió el Lisboa, sale uno y entra otro. Siempre habrá un loco que se quiera lanzar a la piscina.

¿Con qué sabor de boca se va? ¿Qué planes tienes ahora?
— Mi plan, en este momento, es descansar y estoy pensando en retomar la fotografía, pero muy poco a poco. Dejo el Lisboa contento por lo que hemos conseguido, pero también con cierta sensación de pena porque creo que todo empezó con la pandemia, que llegó en el mejor momento del Lisboa, cuando empezábamos a visibilizar hasta dónde podíamos llegar.