La inconfundible voz de Ana Torroja sonará en el Auditòrium de Palma.  | JENNIFER POCHATE

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A orillas de los ochenta nacía Mecano. Ana Torroja y los hermanos José María y Nacho Cano fueron los padres de una criatura que extendió sus tentáculos fuera de nuestras fronteras, vendiendo más de 25 millones de discos. En mayor o menor medida, todos caímos seducidos por sus melodías ligeras envueltas en un armazón techno pop, enarboladas por la voz angelical de Ana Torroja, el gran estandarte del pop durante décadas. Su disolución generó un hueco en la escena nacional que ninguno de sus integrantes, por separado, ha podido llenar. Ana, la marquesa de Torroja, nos atiende al otro extremo del teléfono. Heredó recientemente el título nobiliario de su padre, el reputado ingeniero de caminos José Antonio Torroja. La esbelta y menuda aristócrata llevará una síntesis con lo mejor de su carrera en solitario, así como los grandes éxitos de Mecano, al Auditòrium de Palma el próximo 11 de agosto, a las 21.00.

Aunque ahora sea la marquesa de Torroja, ¿me permitirá ciertas licencias?, su voz se ha colado en mi vida desde que tengo memoria…
—(Risas) Por supuesto…

¿Qué siente cuando la definen como la voz más hermosa del pop español?
—Es uno de esos piropos de los que no te cansas.

Tras grabar con Alaska el single Hora y cuarto, se alió con Mocedades en Secretaria. Imagino que estas dos colaboraciones hablan de su talante ecléctico y angular…
—Sí, totalmente. Es un poco lo que ha ocurrido en mi carrera tras salir de Mecano. Creo que mi voz es mi estilo, cualquier cosa que canto, sea cumbia o rock, lo convierto en algo de Ana Torroja.

¿Se identifica más con los artistas que transforman su tiempo o con aquellos que lo reflejan?
—Me identifico con los artistas que reflejan su tiempo tratando de transformarlo.

¿Y qué ha transformado usted como artista?
—Creo que una de las canciones más emblemáticas de Mecano: Mujer contra mujer. En aquella época había que ser muy valiente para cantar en favor de la diversidad en el amor. Aquello marcó un punto de inflexión en mi carrera.

¿Qué balance hace de su trayectoria profesional desde la desaparición de Mecano?
—Muy positivo, es verdad que tuve que aprender de cero, aprender a saber quien era yo, pero con Puntos cardinales me sentí muy orgullosa de mí misma. Para mí el éxito consiste en ser dueña de mi tiempo y mis decisiones y ser consecuente con lo que hecho.

¿Son mejores, o más estimulantes, los C. Tangana, Rosalía y Bad Bunny que aquellos artistas de la new wave que marcaron el sonido de Mecano, como Visage o Spandau Ballet?
—Todo evoluciona y creo que estos artistas ocupan el lugar que tuvo Mecano en los ochenta. Creo que lo más importante de este siglo es la osadía de los artista, esa falta de prejuicios que les permite crear con total libertad.

¿Alguna vez la ha atravesado esa sensación que cantaba Gardel: ‘la pena de no ser y el orgullo de haber sido’?
—Nunca, no soy nostálgica, estoy muy a gusto en mi piel. No cambiaría nada, porque parte de ese pasado vive en mi presente.

¿Cuándo fue la última vez que pensó ‘hoy no me puedo levantar’?
—Este martes. Vengo de México y apenas he dormido, y lo he pensado cuando me ha sonado el despertador (risas).

¿Mecano nos sorprenderá con algún proyecto a corto-medio plazo?
—No.

¿Así de tajante?
—Si lo prefieres, te diré que hoy por hoy no va a pasar (risas).

¿En algún momento de su carrera el ego se convirtió en un problema?
—Cero ego, tengo los pies en el suelo.

¿Vive tanto en su cabeza como en la realidad?
—Vivo bastante en la realidad.

¿Cuál es su principal legado como artista?
—Cantar historias a través de la emoción.

¿Qué momentos recuerda con más cariño de su vida profesional?
—Hay muchos, te diré el primer concierto al que vino mi familia.