El actor Willy Toledo, en un momento de la obra ‘Shock’, que este fin de semana llega a Palma.

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No tiene pelos en la lengua y expresar su opinión le ha dado algún que otro susto, hasta el punto de ir a juicio por insultar a Dios y a la Virgen. Pese a ello, piensa seguir alzando su voz. Hablamos del actor Willy Toledo (Madrid, 1970), que este fin de semana regresa a Mallorca para representar dos piezas de Andrés Lima, Shock y Shock 2, en el Teatre Principal de Palma. En estas dos piezas, una sátira de la historia contemporánea, los dardos del capitalismo y las heridas que provoca el neoliberalismo, el intérprete comparte elenco con nombres como Alba Flores, Juan Vinuesa o María Morales, entre otros. Shock se verá el sábado 2, a las 20.00, y Shock 2, el domingo 3, a las 18.00 horas.

Las obras Shock y Shock 2 beben de la doctrina del shock de Naomi Klein, que gira en torno al capitalismo y los desastres que se dan a su alrededor. ¿Es el mundo de hoy consecuencia de esos desastres?
— Por supuesto. Nuestro interés y objetivo era, resumiéndolo mucho, intentar comprender cómo hemos llegado hasta este punto y haber construido una sociedad como la actual. Hoy en día estamos viendo las consecuencias, pero claro, no todos, los responsables de estas políticas han multiplicado sus fortunas en los últimos 50 años de neoliberalismo. La situación actual es consecuencia directa de las políticas pasadas, fundamentalmente a partir de las victorias de Reagan y Tatcher en Estados Unidos y Reino Unido, que querían destruir a las clases trabajadoras y los sindicatos. La primera vez que se puso en práctica la doctrina del shock fue con el golpe de estado de Pinochet, perpetrado por Estados Unidos.

En ambas obras encarna a personajes tan dispares como Dixon, Bush, Bin Laden, Aznar, Boris Yeltsin, a un periodista y un soldado. ¿Qué ejercicio actoral requiere?
— Huimos de la imitación al uso, no somos imitadores, sino actores. Siempre buscamos algún elemento diferenciador de todos los personajes para darle un punto de veracidad en cuanto a la similitud con el personaje real. En realidad somos muy malos imitadores.

¿Le ha sorprendido alguno de estos personajes?
— Me considero un ciudadano muy bien informado, es una de mis obsesiones desde hace muchos años, encontrar y buscar la información más veraz posible respecto a cualquier tipo de personaje o acontecimiento. Me sorprende la miseria ética y la maldad de ciertas personas. No puedo comprender, por ejemplo, cómo el señor Pedro Sánchez es capaz de pisotear los derechos de los hermanos y hermanas saharauis. Lo hace porque sabe que llegará a ser consejero de administración de una gran empresa energética. No es el único. Conflicto tras conflicto, década tras década, la historia siempre se repite, las razones son las mismas y son económicas. Los ricos pisotean a los pobres para conseguir lo que quieren.

Es una obra que pretende que nos miremos en el espejo y reflexionemos sobre quiénes somos. ¿Se ha puesto usted ante ese espejo?
— Claro, pero no para saber quién soy, adónde voy y de dónde vengo, sino para cuestionarme cosas que afectan a la colectividad.

¿Encontramos ese espejo en el teatro?
— Hasta hace poco pensaba que el teatro es una buena herramienta de denuncia pero dudaba de su capacidad como herramienta transformadora. Los medios de comunicación, también el cine y el teatro, han sido siempre un arma de combate fundamental del capitalismo. Hollywood es la mayor arma de propaganda que tiene el capitalismo. Cine y teatro son capaces de moldear el pensamiento de millones de personas con el objetivo de conseguir que pensemos que el capitalismo es el menor de nuestros males.

Un teatro, precisamente, fue bombardeado en el actual conflicto entre Ucrania y Rusia.
— Ese tipo de atrocidades se han cometido siempre. Hay información que desmiente que fuera Rusia la responsable y que allí hubiera población civil. La primera víctima es la verdad. Lo que está pasando no es nada nuevo. Podríamos hablar de Yugoslavia, Siria, Irak, Yemen, Mali o Afganistán. Occidente y sus altos niveles de hipocresía son insoportables y sangrantes.

Ha tenido problemas por expresar sus opiniones.
— Así es y pienso seguir haciéndolo. Afortunadamente no han podido conmigo. Lo demuestra que estoy volviendo a trabajar.

El año pasado estrenó serie con Netflix, donde sigue ligado.
— Sí, el año pasado estrenamos la serie Los favoritos de Midas y ahora mismo estoy rodando una comedia de los creadores de Élite, Meet Cute. Está protagonizada por un elenco de jóvenes y doy vida al padre de uno de ellos.

¿Participaría en un reencuentro de Siete Vidas? Coincidiría con Toni Cantó.
— Sí, si me pagaran claro que sí. En el episodio final invitaron a gran parte del reparto que ya no trabajaba en la serie, pero no estuve allí porque no me querían pagar. Soy un currante y trabajo por dinero. Ellos iban a ganar una millonada por ese episodio y yo solo quería mi parte. Con Toni [Cantó], en realidad, coincidí poco en la serie.