Francesc Vicens, Pere Oller, Sebastià Taltavull, Rafael Mahdavi, Euphrosyne Doxiadis, Joan Guaita y Ángel Garrido. | T. Ayuga

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Las parroquias de Palma esconden secretos en su interior de alto nivel artístico. Es el ejemplo de la iglesia del Sagrat Cor de Maria, ubicada en la calle Henri Dunant, y que acogió este miércoles un emocionante acto de conmemoración por el décimo aniversario de la entrega de las obras de los artistas Euphrosyne Doxiadis y Rafael Mahdavi. El acto fue presidido por el obispo Sebastià Taltavull, en presencia de varios feligreses y del vicario episcopal de Patrimoni Històric i Cultural, Francesc Vicens; el presidente de la Associació d’Amics del Patrimoni, Joan Guaita; el padre Ángel Garrido, de la parroquia del Sagrat Cor, y los propios creadores, que viajaron para la ocasión. Así pues, nada más entrar en el templo la vista se dirige irremediablemente al enorme tríptico que corona el espacio bajo el título de El cordero. Esta obra es de la artista griega Euphrosyne Doxiadis, quien se mostró muy emocionada y agradecida por «poder volver a la Isla diez años después».

Anécdota

Dioxiadis, a su vez, aseguró que la pintura le ha «traído cosas maravillosas» y explicó una curiosa anécdota acerca de su origen: «Buscaba un modelo para el cordero central de la pintura y no lo encontraba hasta que vi que uno se había caído en un agujero y fui yo quien lo halló. Lo sacamos, le tomé fotos y lo pinté. Fue algo religioso». Asimismo, también destacó que no sabía «si sería capaz de pintar algo tan grande», al poseer un formato de 9,35 metros de ancho y 3,5 metros de alto, pero que finalmente «lo logré en un mes». Ante tamaña hazaña, Dioxadis confesó que sintió que tenía «ayuda».
Por su parte, Rafael Mahdavi, artista mexicano que pasó su adolescencia en Mallorca, detalló algunos elementos de sus dos obras, que están separadas y cuelgan a ambos lados de la entrada al templo, frente al tríptipco de Doxiadis. Las piezas de Mahdavi, que reside en Grecia desde hace años, comparten el título de Paz en la Tierra y se componen de 4 metros de alto por 3,5 de ancho. Incluyen varios simbolismos a través de la imagen de una mano que proviene del cielo en signo de «ayuda» o la tierra, que tiene la forma de una silueta de una cara, y que «ve el futuro y espera que todo salga bien».
A su vez, la paloma, que sirve como eje central de una de las imágenes, está rodeada por un «círculo de piedra» como metáfora de María, «porque era fuerte y podía resistir lo que le echaran».

Conmemoración

En cuanto al obispo Taltavull, quien cerró el acto de conmemoración tras los parlamentos de los artistas, señaló estar «sorprendido» ante las dos obras expuestas, las cuales «no había visto todavía» y explicó que merecía la pena quedarse «un tiempo observándolas para ver los detalles y entender cada emoción y sentido de las pinturas tras lo que han explicado los artstas» a los que agradeció su donación y su visita, diez años después, a la Isla y a la Parròquia del Sagrat Cor de Maria, donde sus obras seguirán decorando y custodiando el templo palmesano.