El director Salvador Calvo posó este viernes en la presentación de la sexta edición del festival. | Jaume Morey

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El cine visto como un medio de denuncia, expresión y visibilización de una realidad circundante que, a veces, parece oculta. La filmografía de Salvador Calvo tiene este objetivo, aunque no como una manera de aleccionar al espectador, sino de hacerle ver una situación que es «tremenda».

Así lo hizo con Adú, gran ganadora de los últimos premios Goya con 13 nominaciones y cuatro premios, incluido el de Mejor Dirección.

Salvador Calvo: «El cine es una cuestión de equipo y de juntar una orquesta que suene increíble»
Fotograma de la película 'Adú'.

Mañana, a las 20.30 horas, presentará la cinta en el Cine Rívoli dentro del festival de cine italo-hispano Estimar, que se desarrolla hasta el martes en la Isla. Calvo, que ya triunfó con Los últimos de Filipinas o Maras, defiende el valor de su arte y reivindica el «trabajo en equipo» que conlleva.

¿Contento de poder estar en Palma para este festival?

—Hombre, desde luego. Palma es una ciudad preciosa y solo por estar aquí merece la pena venir. Pero además me hace ilusión poder estar en un festival que es un encuentro entre italianos y españoles porque, de alguna manera, mi película habla de un tema bastante universal y común entre España e Italia: la inmigración. Creo que todos debemos ser solidarios ahora mismo.

Tanto Adú como Los últimos de Filipinas se basan en historias reales, ¿es la vida mejor fuente de inspiración?

—Las historias que cuento, las mías, las que siento como propias, tienen algo basado en hechos reales. De ahí, ficcionamos. Pero es que hay historias reales que son tremendas e impresionantes. Ya lo vimos en Niños robados o Alakrana. Son cosas que surgen de la realidad y permite siempre encontrar grandes personajes y grandes historias.

¿Considera el cine un gran medio para denunciar o poner cara a los dramas auténticos?

—Sí, efectivamente. Uno de los modelos y los espejos en los que me gusta mirarme dentro del cine es Scorsese, pero no voy a hacer cine de gangsters. Él las hace fenomenalmente, y al público les encanta, pero no me veo en ellas.

¿Tiene algún otro referente en el que le guste mirarse?

—Bueno, me gusta recordar una anécdota del productor David Puttnam, que hizo la película El expreso de medianoche, que denuncia de alguna manera las leyes que había en Turquía y que eran tan severas. Pues un día, Puttnam iba por Londres y pasó por un cine en el que hacían esta película y quiso ver la reacción del público. En un momento dado, la gente se puso de pie y empezó a gritar improperios hacia los turcos, y Puttnam se dijo: el cine tiene un gran poder para generar emociones, como en este caso odio hacia un país; a partir de ahora haré un cine responsable. Así hizo La misión o Los gritos del silencio, en las que da varias perspectivas y pone a unos personajes frente a otros. A mí me gusta mucho mirarme en él a la hora de hacer mis películas.

Sus últimas tres producciones han logrado todas nominaciones para los Goya, ¿se podría decir que le está cogiendo el truco a ser nominado?

—(risas). Bueno, sinceramente he sido una persona que siempre he soñado con ser director de cine. Me ha costado, porque no he tenido una familia con mucho dinero ni nada, y teníamos que trabajar y tal. Claro, yo no podía irme a Estados Unidos, por ejemplo, y hacer las películas que me gustaría, sino que tenía que hacer encargos. Empecé en la tele porque es donde más fácil era entrar, y es verdad que he llegado al cine a una cierta edad, pero también he llegado muy preparado. Y esto es algo que se lo debo a todos estos años anteriores y a toda mi experiencia en televisión.

Además logra varias nominaciones en apartados técnicos, ¿a qué se debe ese éxito?

—A que he tenido la suerte de tener un equipazo. Mi equipo ha sido nominado en todo lo que he hecho y esa es la prueba de que no soy solo yo, sino que somos todos. Me rodeo de gente muy buena porque al final hacer cine es una cuestión de grupo. No es la peli de un director, sino que es mucha gente y es una cuestión de sumar talentos y saber buscar el mejor violonchelista o violín, por ejemplo, y luego tener la capacidad de juntarlos para crear una orquesta que suene increíble.