Niña Pastori actúa este sábado en Son Fusteret, en Palma.

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Su música ha brillado en los mejores teatros del país, pero Niña Pastori –personaje del corazón y pilar de las esencias flamencas– también se gusta en los recintos sin pompa, y a diferencia de otras figuras no se le caen los anillos a la hora de sumarse a cualquier evento, popular y multitudinario, que requiera del dulce trémolo de su voz. El festival Cultura Es Vida, con base en Son Fusteret, acogerá este sábado la exigencia desmesurada, el recitado seseante y la dramatización osada que imprime a cada tonada esta gaditana de 43 años, que llega inmersa en la gira que conmemora sus 25 años en activo.

«Cuando empecé en la música ya me parecía alucinante poder grabar un segundo disco, no imaginaba que alguna vez haría una gira para celebrar mis veinticinco años de carrera, y la verdad es que me ha sorprendido la acogida que está teniendo entre la gente. Para mí es un privilegio estar aquí y me siento muy agradecida al público», subraya esta artista, que reconoce «seguir creciendo día a día, porque la música es algo inmenso y siempre te ofrece algo nuevo que descubrir». Serena e inmensa, el paso de los años ha conferido mayor profundidad a su timbre de voz, y no digamos a su modo de interpretar, de dramatizar, cada tema, «cuando salgo al escenario siempre voy a por todas». Esta nueva sensibilidad contrasta con la apocada expresividad de sus inicios, «con el tiempo he ganado experiencia, son veinticinco años luchando, han habido muchas lágrimas y esfuerzo. Piensa que vivo el flamenco muy intensamente desde niña, cuando acompañaba a mi madre a cantar y me relacionaba con otros artistas, de todo se aprende y con el tiempo lo normal es mejorar».

A los 43 años, la artista no ha dejado de diversificar su repertorio, reclamando un espacio propio. Su último trabajo, Realmente volando, confirma su eclecticismo, con la propina de Pastora Soler, India Martínez, Miguel Poveda y Rosalía, entre muchos otros, sumándose a sus canciones, y dejando clara su predisposición a no ponerse límites. «La visión que le da otro artista a tu canción te amplia, porque le añade su personalidad», sentencia. Realmente volando es el undécimo álbum de Niña Pastori, un elepé grabado en directo en el que la de San Fernando deja atrás el flamenco pop, que tiene como vértice la profundidad de su voz, para ampliar su caudal melódico desde la balada y los medios tiempos.

Grammy

La artista, que ganó un Grammy Latino al mejor Álbum de Música Flamenca, reconoce atravesar un «momento personal y artístico fenomenal», y eso que la pandemia la tiene «muy preocupada por mis mayores, mis padres tienen 73 y 74 años, aún son jóvenes, pero están en una edad en la que hay que cuidarse, pero gracias a Dios están bien». La música es el acicate que la levanta cada mañana y le da el ímpetu y arrojo para tirar adelante. «La música es muy importante, si te fijas todo en la vida tiene música, hasta el telediario tiene música», matiza con ironía.

Volviendo a su último trabajo, la gaditana asegura que Realmente volando «es un disco que me apetecía mucho hacer, lo grabamos en el Teatro Real, un marco muy bonito, fue una noche genial en la que todo salió muy natural y la verdad es que disfruté mucho», matiza. En este trabajo, Niña Pastori vuelve a exhibir sus grandes argumentos, empezando por su voz y acabando en esa noción personal e intransferible que barniza de modernidad todo cuanto toca. «El flamenco es una música de raíz basada en las esencias de la Tierra, pero eso no implica que no se pueda innovar». No en vano, la de San Fernando ha consagrado su carrera en demostrar que no hay género inmune al cambio. Su voz, su nervio y el compromiso con sus raíces (tan innegociable como sus ganas de experimentar) han hecho de ella una de las artistas más respetadas y laureadas de nuestra música.