El cineasta Agustí Villaronga, en la gala de clausura del Festival de Málaga. | Daniel Pérez

0

Agustí Villaronga apuesta en El ventre del mar por la estética, la experimentación y la forma de entender el cine que lo han consagrado en los últimos años como uno de los directores más interesantes del cine europeo y un especialista en interpretar textos de grandes autores literarios. Esta vez, parte de Océano mar del turinés Alessandro Baricco, relato sobre el naufragio de una fragata francesa y la lucha por la supervivencia de 147 hombres en una balsa a la deriva. Rodada en Mallorca, la producción acaba de llevarse seis galardones en el Festival de Cine de Málaga.

¿Cómo valora todos los premios que acaba de recibir en Málaga?

— Lo de tantos premios es un misterio. Es un festival muy popular. La primera alegría fue el recibimiento de la crítica. El palmarés fue apabullante. A nivel personal, me alegré por muchas cuestiones: por Mallorca, porque era la primera película para Blai Tomàs, por el reencuentro con el actor Roger Casamajor, por los productores como Mulet, con una gran experiencia, y Javier Pérez Santa, que era su primera película.

Cesc Mulet resumía la película como un acto poético y rebelde.

— Estoy de acuerdo. Es un acto poético, en el sentido de que Baricco narra un hecho trágico de manera que trasciende, no de una manera de denuncia política. Entra en el terreno espiritual. La rebeldía es porque coincidió con el estado de alarma, sin la posibilidad de hacer teatro y decidimos seguir adelante.

Conocemos el relato de Baricco y la referencia pictórica de Le Radeau de La Méduse, de Gúericault. ¿Cómo ha sido la adaptación al cine?

— Conocí a Baricco hace muchos años, en Roma, porque quería hacer una película de una de sus novelas. Nos ofreció los derechos de su libro por una cifra muy razonable. Yo ya había querido representarla teatralmente con dos monólogos intercalados: el del oficial quirúrgico y el del marinero raso, que hablaban del mismo hecho de forma muy distinta. Al pasar al cine, no quise prescindir de esa idea por el peso literario que representa. No hay ni una sola palabra en la película que no sea de Baricco. En cierto modo, es una película narrada. No queríamos perder la cuestión teatral.

No es un encargo. ¿Cómo ha usado su libertad creativa y qué riesgo ha tomado?

— Tuvimos una ayuda importante desde Mallorca. No obstante, el presupuesto era muy bajo. Eso nos daba una libertad tremenda. Es una película casi casera. No llegábamos a las treinta personas, que rodamos siempre empapados de agua. Ha sido como hacer una primera película, con un espíritu artístico y amor a nuestro oficio. Esta libertad es preciosa.

¿Por qué ha optado por el blanco y negro?

— La película tiene muchas reminiscencias de las muertes en el Mediterráneo. Hablar de un naufragio es algo que tenemos próximo. El blanco y negro le da un aspecto documental. Hay un 50 o 60 por ciento de blanco y negro. El color que sale está muy desvanecido, lleno de polvo. Tanto Blai Tomàs como Josep Maria Civit hicieron cosas arriesgadas, como trabajar con luz infrarroja. Ayudaba a hacer una película especial.

¿Cuál es su lectura contemporánea y mediterránea de un hecho que sucedió en el siglo XIX, en la costa atlántica?

— Hay una visión actual y un posicionamiento sobre el poder. En La balsa de la medusa, los capitanes, oficiales y gobernadores acabaron en un bote y llegaron a tierra firme tranquilamente. Las personas de la balsa eran la purria más algunos oficiales armados. Se originó una guerra en medio del mar. En el Mediterráneo, ahora hay una gente que son las víctimas, que huyen de algo terrible para aspirar a una vida mejor. Están a merced de las mafias y de los países que los acogen. La película no es de denuncia, pero quiere concienciar y pensar en los demás.

¿Cómo ha sido el trabajo con los figurantes?

— Al plantear esta película, pensaba en un coro griego, que acompañara el discurso del oficial y el marinero raso. Catina Penyafort realizó un cásting fantástico. Contactó con gente que había llegado en condiciones muy parecidas a las que se describen, en patera o cayuco. Había subsaharianos, saharauis, gente de Siria. Lo hicieron fenomenal, aportaban sinceridad. Sin ellos, la película no habría salido así.

¿En qué ha condicionado que la película se haya rodado en Mallorca?

— Hemos trabajado con mucha gente para los que era su primera película. Ha habido un gran entusiasmo. Se enfrentaron de una manera nada industrial o profesional, pero su rendimiento era absoluto, de una entrega fabulosa.

Filmin se ha implicado en la distribución.

— Filmin es plataforma de esta película. Se han hecho distribuidores en las salas. Ver lo que pasará es un misterio. Antes de la pandemia, la afluencia ya era floja. Vamos a ver si se recupera. Romper los hábitos es peligroso.