Juana Roig Villalonga, la mallorquina que fotografiaba el Museo del Prado. | Alberto Otero Herranz

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Hace semanas el Ministerio de Cultura digitalizó más de 6.000 imágenes pertenecientes al francés Jean Laurent, apasionado de España a la que retrató de norte a sur y este a oeste ganándose el apodo de pionero de la fotografía en nuestro país. Su vasto archivo pasó a manos del Estado en 1975, pero desde la muerte del artista en 1886 varias manos hicieron las veces de eslabones de una cadena en la que no solo se mantuvo la obra de Laurent, sino que se amplió. Entre aquellos eslabones, todos masculinos, uno destaca no solo por ser mujer, sino por ser, además, mallorquina. Se trata de Juana Roig Villalonga, quien adquirió el fondo Laurent en 1915 y lo explotó durante una década, siendo cliente del Museo del Prado.

Beatriz Sánchez Torija, técnico de gestión en el área de dibujos, estampas y fotografías del Prado, explica que «hay varias investigaciones en curso para saber más de Juana», aunque ya hay algunos datos claros: «Era mallorquina, nació en 1877 y murió en 1941. Y sabemos que siguió positivando y vendiendo las fotografías del archivo e hizo nuevas».
Parece ser que Roig, quien empezó firmando como J. Roig-Antigua Casa Lacoste, el nombre del viejo propietario del archivo Laurent, se especializó en el negocio de «las tarjetas postales en las que firma como editora». Todo desde la carrera San Jerónimo de Madrid, donde se instaló el establecimiento su antecesor. Desde allí, ella continuó la comercialización del fondo y celebró exposiciones en su céntrico Salón.

También fue allí donde, durante una década, Roig suministró al Servicio de Fotografías del Prado imágenes cuyos recibos aparecen en la contabilidad del museo. Aportaba «reproducciones de las obras del Museo o de estancias del mismo que se vendían en un pequeño establecimiento donde los visitantes compraban un recuerdo de algún cuadro». Una suerte de tienda de regalos de los inicios de la fotografía.

Mujeres

Según explica Sánchez Torija, «ha habido mujeres en el mundo de la fotografía desde los inicios del oficio», no obstante, no era tan común que firmaran con su nombre. «Poco a poco se van conociendo más», añade Sánchez, y concluye que ese es el caso de «Juana, porque detrás de esa ‘J’ podría haber habido cualquiera. Ahora sabemos que era ella».
A pesar de estos avances, queda mucho por revelarse, como qué imágenes eran suyas y cuáles formaban parte del archivo Laurent, o, sin ir más lejos, quién fue esta mujer que poco a poco pasó de firmar como Antigua Casa Lacoste, para quien trabajaba como operaria, a firmar ya como J. Roig. Mucha tela por cortar todavía en el caso de la misteriosa fotógrafa mallorquina del Prado, que se hizo un nombre en un mundo de hombres.