La artista mallorquina, Amparo Sard, en una imagen reciente en su estudio isleño.

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El bien, la belleza y la justicia son conceptos de bordes no muy definidos. Envueltos en una vaporosa nube de márgenes difusos entre sus opuestos, el mal, la fealdad o lo injusto. Y en los límites es donde respira el arte de Amparo Sard (Son Servera, 1973), profesora de la Universidad de Barcelona, que ha visto algunas de sus futuras exposiciones internacionales pospuestas por la COVID-19 pero que ha aprovechado el confinamiento explotando su vena creativa y se prepara para reanudar algunas muestras que siguen activas en Salamanca o Ámsterdam.

Sus reflexiones son contundentes y buscan agitar conciencias transfiriéndose a las formas materiales. Pensamientos y objetivos artísticos con fuentes filosóficas y éticas que tratan de «concienciar» porque, a pesar de que «el arte no va a cambiar el mundo, los artistas pueden lograr, grano a grano, toneladas».

La India

Por esas convicciones, en febrero Sard viajó a la India de la mano de la Fundación Vicente Ferrer donde recortó «plásticos con niños para hacer piezas de materiales reciclados» y crear «obras de lo que supuestamente eran deshechos». Pero las toneladas con las que se topó fueron «las montañas de basura en los ríos» y los «animales que morían con el estómago lleno de plásticos». Una experiencia que dejó impronta en ella.

Al volver, el confinamiento activó su productividad, pero «al encerrarme todo era más dramático». En Asia trabajó en unos Selfies in India con papel perforado: «Eran en blanco y negro y aquí descubrí que lo negro aparecía supurando, haciendo palpable lo siniestro y desagradable». Algo similar a recorrer las coloridas calles indias y descubrir el horror de las montañas de desperdicios al torcer la vista.

«Otra vez la masa negra deforme y lo siniestro volvían a mi obra y sin buscarlo describía el estado anímico global». Esa deformidad ya estaba presente en Sard, quien «siempre ha trabajado desde los límites» porque es ahí donde «lo conocido se convierte en amorfo, se descompone y deconstruye». Desde estos márgenes inicia su deformación de lo mundano, su deconstrucción, para revelar lo grotesco en el interior, sus tensiones.

Siniestro

Lo «siniestro» en las «formas conocidas» ya lo trató en Viaje a Saturno, «crítica al ensimismamiento social», pero ahora busca «la deformidad y el cambio como única verdad demostrable frente a nuestros ojos», como «la gente que muere de hambre o las desgracias que vemos en las pantallas que parecen películas, pero son reales». Ahora, con lo siniestro y lo negro ya supurados, «trabajo en acabar obras de gran formato», como si la sensación «melancólica» quedase atrás, por el momento, y las nuevas miras se presentan con aire renovado.

Algunas de estas últimas creaciones realizadas en el confinamiento se exhibirán en exposiciones benéficas en Mallorca: una será Un Gin Tonic, por favor! de Kaplan Projecst y la otra, de la Fundación Vicente Ferrer, en Bellver a finales de verano, dos oportunidades únicas de ver a través de la obra de Sard.