El puzle que Esther Olondriz está formando en la pared de su casa. | Esther Olondriz

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La creatividad es el motor del artista, y la mallorquina Esther Olondriz no necesita más combustible que su imaginación. Prueba de ello son los retratos que está realizando durante la cuarentena de mujeres fuertes y resistentes con la particularidad de que los realiza con los materiales más extraños y, al mismo tiempo, cotidianos.

«Yo tengo el estudio en La Soledat», explica, «y de golpe me encontré en casa sola y me di cuenta de que no tenía nada de nada de material, pero pensé: en una casa tiene que haber cosas que no son para pintar pero pintan». ¡Y vaya si las hay! «El dentífrico, el pintalabios, el pintauñas, perfiladores, tinta para sellos, hasta una piedra azul de Uzbekistan con pigmentos», detalla.

Estos materiales, tan de andar por casa y tan poco dados al arte pictórico, son los que está utilizando para continuar con su colección Thelma & Louise, que ya nació de una labor de reciclaje con «unas fotos que compré en el Rastro que deben ser de los años 50 y les puse ese nombre». Imaginación y algo de comedia, confiesa: «Intento ponerle un poco de sentido del humor, porque sino es un drama total».

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Resistencia

Las mujeres que va retratando son «resistentes, fuertes y muy vitales, y me dan lo que necesito». Ataviadas todas con una mascarilla, comenta haber desarrollado una suerte de amistad con ellas: «Son mis amigas, no sabes la compañía que me hacen. Yo las pongo en este mundo y ellas me dan su vitalidad. Nos ayudamos mutuamente».

A la hora de ponerse manos a la obra, para Olondriz todo es energía, e indica que «las hago, no las pienso, voy haciendo lo que salga sin trabas ni frenos», e incluso ha tenido ocasión de realizar algún homenaje, como el de Aurora Picornell que publicó en sus redes sociales el 14 de abril. Poco a poco, todas «acaban en la pared donde las pongo y se va haciendo como un puzle».

Paradójicamente, Olondriz se muestra escéptica ante el fin de la cuarentena: «Cuando digan que se puede salir no me fiare mucho, creo que me encerraré», aunque sí confiesa que en cuanto pise la calle «iré a ver el mar». Hasta entonces tiene cuerda para rato, seguirá pintando «una al día porque la cabeza no me da para más» y ya avanza que «si me quedo sin materiales emplearé arroz o lo que encuentre».