Un grupo de jóvenes en la entrada de la discoteca Barbarela.

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A principios de 1968 se estrenó en Palma, al igual que en toda Europa, Barbarella, la adaptación para el cine de un tebeo futurista con el mismo nombre. La película estaba protagonizada por Jane Fonda en el papel estelar. El director era Roger Vadim, y el productor, otro gigante del séptimo arte: Dino de Laurentis.

El empresario mallorquín José Roses Rovira tenía por aquel entonces un proyecto ya avanzado: la creación de una gran discoteca en Palma. Quería atraer a los principales artistas españoles e internacionales de moda en aquella juventud beat de los 60, cuando los primeros hippies visitaban Eivissa y Formentera; el musical Hair sacudía conciencias; París estaba a punto de explotar con el Mayo del 68, y el hombre de poner un pie en la Luna. Roses consideró que Barbarella, el nombre de aquella heroína del año 40.000, era el más indicado para su también futurista discoteca. Y decidió utilizarlo.

Roses (Palma, 1923-2013) era el propietario de los Teatros Balear, Lírico y Cine Progreso en sociedad con el que fuera director de Ultima Hora José Tous Barberán (Palma, 1932-1992). Miembro de una conocida familia mallorquina, era una persona dinámica e inquieta, que dedicaba también su potencial al negocio de la hostelería, la construcción y la promoción inmobiliaria. Roses había adquirido un solar en la actual calle Joan Miró, próximo a s’Aigo Dolça, a pocos metros de la por entonces glamurosa plaza Gomila. Fue así como encargó a un destacado profesional catalán, Xavier Regàs, un proyecto para su discoteca.

Regàs era el creador y propietario de la selecta discoteca barcelonesa Bocaccio. Había entablado amistad con un joven mallorquín, Pepe Oliver, que acababa de finalizar sus estudios de Económicas. Oliver sería poco después, por recomendación de Regàs, contratado por Roses para regentar la flamente Barbarela. Con el tiempo se confirmaría cómo el más grande relaciones públicas de la noche mallorquina.

Realización

El planteamiento interior de la discoteca fue toda una novedad, quizás debido a las características del solar. Y es que Regàs diseñó una sala –ubicada en la parte inferior del local– en forma octogonal, con una amplia pista de baile a la que se accedía mediante escaleras. A su alrededor se encontraban pasillos con las áreas de servicios y barras de bar. En esa parte baja se encontraban, también, unos amplios palcos, igualmente en forma octogonal. Predominaban los colores rojo y azul.

A la izquierda –vista desde la entrada–, y con una altura de alrededor de dos metros frente a la pista de baile, se posicionó un amplio escenario con pantallas en las que se proyectaban imágenes fijas o en directo. Los equipos de sonido y juego de luces psicodélicas eran de última generación. Proporcionaban al lugar un ambiente realmente espectacular, algo fantástico, sin duda adelantado a su época.

El nombre y la imagen

Con las obras cumpliendo los plazos y el nombre decidido, faltaba un pequeño detalle: la imagen principal para su identificación promocional y la posterior elaboración del merchandising. Pero ahí había un problema legal: el nombre ‘Barbarella’ estaba protegido como marca. La solución más sencilla fue la de eliminar una ‘ele’, dejándolo en Barbarela, y añadiendo, a continuación, la palabra ‘discoteque’ para distinguirla del filme.

Resueltas estas cuestiones, se convocó un concurso internacional para elegir el carácter de las letras y logotipo de la sala.

Un competente del jurado integrado por profesionales del diseño, decoración, publicidad, músicos y periodistas convocaron a los medios de comunicación en las terrazas del bar Mónaco de la plaza Gomila para dar a conocer el resultado de sus deliberaciones. Resultó ganador, de entre 300 candidatos, y premiado con 2.000 dólares, el diseño presentado por Carlos Rolando, un artista argentino. Su diseño reproducía la negra silueta de una mujer en la que solo destacaba, como elemento insinuante de su desnudez, el ombligo. El autor justificó su obra diciendo: «Es la única parte erótica del cuerpo humano que la censura permite utilizar públicamente».

La inauguración

Barbarela era un local que tenía capacidad para alrededor de mil personas. Abrió al público el 15 de julio de 1969, situándose, en poco tiempo, como la discoteca más famosa de Europa, a lo que contribuyeron los grupos y solistas que desfilaron por su escenario. La lista es enorme, pero podríamos destacar a Wilson Picket, The Hollies, James Brown, The Marmelade, The Animals, Demis Roussos, Barry Ryan, B. B. King o José Feliciano, así como la mayor parte de artistas españoles de la talla de Joan Manuel Serrat, Karina, Mari Trini, Camilo Sesto, Dúo Dinámico, Miguel Ríos o Cecilia.

«La contratación de estas figuras –relata Pepe Oliver, gerente y director de la sala– era decisión de Pepe Roses, asesorado por agentes y representantes del show bussines internacional. Lo cierto es que, por su alto coste, muy pocos resultaron rentables, pero ayudaron a otorgar fama y prestigio al local».

La otra Barbarela

En junio de 1970, se abrió en Torremolinos otra Barbarela que, tras un gran impacto inicial, acabó cerrando dos años después.

La de Palma permaneció hasta 1975. Después se realizó una importante remodelación, que dividió el espacio original. Quedó una discoteca con una capacidad más reducida. El nombre tenía la solera de un pasado extraordinario, pero no era lo mismo. Fue un lento declinar. El resto del espacio fue ocupado por una sala de cine X, que tras la muerte de Franco se pusieron de moda y empezaron a aflorar por diferentes calles de Palma.

En la actualidad, Barbarela ya no existe. Fue demolida a principios de la década de 1990. El solar lo ocupa un espacio abierto al público en la calle Joan Miró, entre la gasolinera y Mercadona.