El Ateneu Barcelonès recuerda a Porcel a los diez años de su muerte

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Jordi Amat, Emili Rosales, Rosa Cabré y Joan Safont, ayer, en el Ateneu Barcelonès durante la mesa redonda dedicada al desaparecido novelista de Andratx.

Jordi Amat, Emili Rosales, Rosa Cabré y Joan Safont, ayer, en el Ateneu Barcelonès durante la mesa redonda dedicada al desaparecido novelista de Andratx.

26-06-2019 | Carles Domènec

El periodista Joan Safont, la profesora Rosa Cabré, el editor Emili Rosales y el crítico literario Jordi Amat protagonizaron este miércoles, en el Ateneu Barcelonès, una mesa redonda bajo el título de 10 anys sense Baltasar Porcel, en presencia de la viuda del autor, Maria-Àngels Roque, y de su hijo Alexandre Porcel.

A los diez años de la muerte de Porcel (Andratx, 1937 – Barcelona, 2009), Rosa Cabré aseguró que «es uno de los escritores más importantes de la literatura catalana, tenía un carácter contradictorio y la gran ambición de crear una obra sólida, comparable a las grandes obras de la literatura universal, con una capacidad de narrar inagotable». La profesora contó que «el periodismo y la narrativa pertenecían al mismo mundo del autor, no eran dos cosas separadas o independientes, él lo quería ser todo, pero es en la novela donde pudo enfocar toda su ambición literaria», y expuso que «usaba la técnica del relato de relatos, que es de una gran modernidad, con una escritura fragmentada».

La académica, experta en la obra del andritxol y amiga, señaló que «Porcel escribió con esta gran ambición, con una obra solo comparable a la de Josep Pla, aunque literariamente superior, porque tenía un gran miedo a la muerte, a lo que se iba muriendo cada día, al hecho de que el paisaje va cambiando y nos vamos quedando solos, era un existencialista».

Por su parte, Emili Rosales recordó con ironía «el miedo que tuve el día que conocí a Porcel», y dijo que «creaba dos reacciones simétricas e imprescindibles: por un lado, nos sorprendía a una serie de autores mucho más jóvenes que él y, al mismo tiempo, creaba un rechazo a gente de su generación, porque era muy bueno».

El escritor y editor apuntó que «Porcel lo había conseguido, era un escritor que escribía y se ganaba bien la vida, participaba en las tertulias, convertía la figura del escritor en catalán en una persona socialmente relevante, con un papel significativo en el mundo, y eso era una gran noticia», señaló.

Rosales manifestó que «dominaba las técnicas de enfocar un relato, pero el lector se sentía arrastrado por la fuerza la narración, toda su narrativa estaba basada en la experiencia, aunque no te lo dijese de forma explícita en sus novelas». El editor y amigo del homenajeado valoró su narrativa como «compleja, porque tenía profundidad histórica, psicológica, lingüística, ideológica», y añadió que «en su faceta de personaje público, era capaz de intervenir en la creación institucional, como con el Institut Europeu de la Mediterrània, o con el Institut Ramon Llull, que es fruto, en parte, de su insistencia y que ahora nadie discute».

De la vigencia de Porcel, advirtió que «hay una docena de novelas disponibles de Porcel en las librerías, es cierto que escribió 48, pero no hay ahora ningún otro escritor con tantos volúmenes, ni Mercè Rodoreda, y ningún otro escritor catalán tuvo tanta influencia social y pública, además existen una veintena de traducciones, y en los últimos años han salido cinco nuevas».

El último en intervenir fue Jordi Amat, quien rememoró la entrega del Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, en 2008: «la lengua era su casa, llegó a soltar que el honor le daba igual ya que lo que, de verdad, le interesaba eran las letras». Amat concluyó que «el motor de su vida era la literatura, la novela y la acción en la novela».

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