Sergio Dalma durante su actuación en el Auditòrium de Palma. | T. Ayuga

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Veintiocho años han transcurrido desde aquel 1989 que le encumbró al ritmo pegadizo de Esa chica es mía. Por el camino ha dejado 17 álbumes y un puñado de corazones rotos. Experto en supervivencia, Sergio Dalma ha sabido nadar y guardar la ropa, braceando entre las modas sin perder la compostura ni su estatus superventas. Y, a día de hoy, sigue disfrutando de una sólida hegemonía en el contexto de la canción melódica. este viernes el Auditórium de Palma acogía la primera de sus dos citas en Ciutat.

Una vez más, Dalma impuso su figura y su voz ante un público en el que sólo parecían estar ellas, dispuestas a ejercer de coristas improvisadas. El baladista llegó con nuevo material, Via Dalma III, un CD donde vuelve a deslizar las sílabas hasta fundirlas, con esa voz rasgada tan suya y una lírica bañada en sinceridad y carácter. Descorchó la velada con Toda la vida y Necesito un amigo, ambos temas incluidos en ese último disco.

Sergio Dalma

El pasado y el futuro son una espiral en la que cada giro ignora el siguiente, aunque en el caso de Dalma es más bien un círculo cerrado ajeno a la sorpresa. El catalán lo dejaba claro en una entrevista concedida a este medio: «Cuando saco disco no pretendo conseguir nuevos fans sino mantener a los que tengo». Dalma lo tiene claro, y su público, también. Acuden en masa con la tranquilidad que inspira saber de antemano qué ocurrirá en un show repleto de emoción, pero con pocas sorpresas.

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