Toni Albà. | Carles Domènec

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El actor Toni Albà (Vilanova i la Geltrú, 1961) actuará hoy y el mañana en el Teatre del Mar, donde representará Audiència I-Real. En el papel del rey Juan Carlos, el cómico convertirá a los espectadores en improvisados periodistas y contestará a todas sus preguntas.

—¿Por qué empezó a imitar al rey Juan Carlos?
—La idea surgió en Ciutadella. Era fin de año de 2001 y fui con unos amigos de mi ex mujer de vacaciones a Menorca, donde me encontré por casualidad con Toni Soler, con quien estaba trabajando en Set de notícies y Set de nit (TV3). Yo imitaba a Aznar y a Artur Mas. Me propuso imitar al rey y no me pareció difícil. En ese momento era un tabú. Me preocupaba el nombre y el vestido que usaríamos. La ley prevé dos posibilidades, animus iocandi [con intención de broma] y animus ofendi [de ofender]. A la semana, al llegar al plató, me encontré con un traje de almirante blanco y me pegó una taquicardia. Y la liamos.

—En 15 años se ha transformado la forma de imitarle.
—El primero que empezó con la imitación fue Fuentes en Crónicas Marcianas de una manera muy respetuosa. Nosotros empezamos a meter el dedo en la llaga. Mikimoto abrió la veda.

—¿Ha cambiado el público en su manera de enfrentarse a la representación del ahora rey emérito?
—Al principio tuvimos muchas quejas de espectadores catalanes que se dirigían a la Casa Real. Argumentaban que nos estábamos mofando. La Casa Real llamó a Xavier Trias, [actual alcalde de Barcelona], que era diputado en el Parlamento español por Convergencia, y habló con el conde de Almansa, jefe de la Casa. Trias le quitó importancia. Quisieron zanjarlo. Hubo reuniones. Nunca me llegaron presiones.

—¿No tiene miedo de encasillarse en el personaje?
—Lo que me preocupa es tener trabajo. La Caixa no me pregunta el origen de mi dinero. Intento hacer un personaje divertido. Dicen que me ha salido simpático. En Audiència I-Real meto una caña que te mueres. El teatro es la última frontera de libertad que nos queda y por eso voy a saco. La Audiència I-Real fue el primero, pero ya son cuatro los espectáculos sobre el rey con Els bufons del regne, Protocol per a camaleons y La Família Irreal.

—Audiència I-Real se basa en la improvisación.
—Improvisación con trampa. Tengo muchos temas preparados y la gente asiste a una audiencia. Pueden preguntar al rey lo que quieran. Casi siempre sé lo que me preguntarán pero cada espectáculo es diferente.

—¿Qué es lo más complicado que le han preguntado?
—Le diré la pregunta más divertida. Una señora nonagenaria me preguntó en Barcelona: «¿Majestad, a usted le dejan hacer esto?». Ha habido preguntas con muy mala leche como «Majestad, ¿prefiere matar elefantes o matar hermanos?» Después hay algunas preguntas que siempre salen, relacionadas con los hijos o con Corina.

—¿Ha preparado de forma especial su actuación en Mallorca, muy cercana a don Juan Carlos?
—Me pueden preguntar si su Majestad va mucho al Port de Sóller o a Pollença. Hay que estar preparado. Yo siempre intento representarlo simpático, bon vivant, de apariencia tonto pero que el público vea que al final es el más listo.

—¿Y si usted pudiera ser rey por un día, que es lo que haría, o lo que no?
—No haría nada que no haga ya. Vivo como un rey, me lo paso bomba. Es un tópico pero creo que compraría todos los pisos de los desahuciados y los metería dentro. Lo primero que haría si fuera rey sería sentar a los partidos para que Catalunya y Euskadi fueran independientes, intentaría entendernos. Sería un rey un poco raro, demasiado republicano.