La escritora Antonina Canyelles presenta su nueva obra poética. | Joan Torres

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«Antes, a un libro de poesía no se le llamaba poemario, y no me gusta porque me suena a urinario». Estas palabras denotan la actitud inconformista y punky de una de nuestras poetas más celebradas, Antonina Canyelles (Palma, 1942).

Tras el éxito de sus anteriores libros, Duna i la cascada y, sobre todo, Putes i consentits, del que se editó una segunda edición, «algo que no me esperaba», confiesa, la autora regresa al panorama literario con su nueva aventura poética, Nus baixant una escala (Lapislàtzuli, 2015), título inspirado en una obra de Marcel Duchamp y que, según avanza, «es un tanto doloroso, en mis versos no suelo ser confesional, pero esta vez sí hablo de mí».

La escritora se niega a analizar sus poemas, «no es que no quiera, es que no sabría hacerlo, el lector es que el que tiene la llave». Además, y a diferencia de sus trabajos anteriores, advierte que «hay un hilo conductor que enlaza el sentido global, se tiene leer de principio a fin».

¿Cuál es ese nexo de unión? «Solo puedo decir que es como bajar una escalera hasta el final del camino, de la vida, y yo describo todo lo que ocurre en ese descenso». Eso sí, «no quería que fuera un drama, por eso he barnizado ese tono doloroso con mucha ironía, lo único que puede salvar al mundo».