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En el número 54 de la calle Jesús, de Palma, asoma desde hace ahora un año una imponente fachada color rojizo perteneciente a una nave industrial del polígono de Can Valero. Un letrero blanco pone denominación al recinto, bautizado por dos músicos como Sala Dante. Son Armand Abraham y Albert Serra, que junto a Adrián Socias como socio capitalista, creyeron en un espacio escénico «alejado de lo convencional» que antaño fue utilizado como carpintería de aluminio. Ahora buscan patrocinadores para «multiplicar nuestro rango de actuación, poder ofrecer una base económica a los artistas, que vienen a taquilla», precisa Abraham. «No estamos pidiendo subvenciones de cantidades gigantes, incluso estaríamos hablando de microayudas para montar un ciclo entero, que a lo mejor son ocho actuaciones», continúa.

La idea germinó en 2012. Abraham, como pianista, encontraba dificultades para actuar porque había «una clara ausencia de espacios». Inmediatamente, al estudiar el proyecto, recurrió a Albert Serra, director de orquesta y compositor, que con el tiempo se convertiría en programador y director artístico de la Sala Dante. «Estuvimos estudiando desde el presupuesto de las cortinas ignifugadas hasta la espuma de la tapicería nueva de las sillas», dice. Sufragaron los costes de sus respectivos bolsillos. «La sala está siendo rentable a base de lo que se produce aquí, todo autogestionado», relata Abraham, nombrado recientemente como subdirector del Conservatori Profesional. «Somos el teatro que tiene mayor programación en toda Mallorca y sin recibir ningún tipo de ayuda. Por contra, hay muchos teatros que tienen subvenciones gigantes y no están produciendo nada, creo que es algo que tendría que haber llamado la atención».

Copar cada fin de semana con actividades se debe a la gestión de la sala y su accesibilidad. Alberga teatro, música, danza o magia. Todo cabe. De hecho, una de las razones que motivaron su creación fue «abrirla a todo tipo de artistas, con propuestas amateur , no solo consagrados», recalca Serra, que también se encarga de la limpieza del espacio. «Los dos creemos que si realmente la cultura tiene que ser para todos... ¿Por qué el Teatre Principal no podría tener una programación de este tipo? Nosotros no cerramos puertas a nadie».