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A los treinta y dos años inició su romance tardío con la música, superados los cincuenta conserva intacta su sonrisa inextinguible enmarcada por rizos alborotados. La canaria Rosana Arbelo ofreció la pasada noche un recital en el Auditòrium de Palma donde dejó deslumbrantes migas de su optimismo vital, un 'positivismo total' que encaja como anillo al dedo en un repertorio melódico tocado con notas de folclore y rock que ha fidelizado a millones de fans a lo largo y ancho de los territorios de habla hispana.

Cerca de ochocientas personas aflojaron la cartera para asistir a la gira 8 Lunas de Rosana. La cifra es aceptable, sin duda, pero insuficiente para que el recinto luciera hasta la bandera. Vaqueros, camiseta blanca y chaleco oscuro, de esa guisa compareció para cantarnos cómo encarar la existencia con el viento a favor, siendo lo suyo el equivalente musical a un manual de autoayuda, aire para estos tiempos difíciles... Arrancó con El talismán , uno de sus cortes más aplaudidos y la noche no había hecho más que comenzar. Le siguió Todo es empezar y Te debo este sueño . Cumpliendo con lo prometido también atacó un apartado de su repertorio poblado de singles sobradamente populares, pero también hubo lugar para ese material menos divulgado que los fans siempre exigen. Abundaron las baladas y los medios tiempos, canciones que irradian una jubilosa mezcla de estilos, algo habitual en una autora tan ecléctica como la canaria.