Miquel Àngel Vidal posa para esta entrevista con la publicación que acaba de editar . | Joan Torres

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Llorenç Moyà (1916-1981) publicó entre 1977 y 1981 más de seiscientas poesías populares en Ultima Hora. Gloses d’un Xafarder le permitió escribir sobre temas de actualidad y «conflictivos, como la lengua, el dialectalismo, el Estatut d’Autonomia de Catalunya, el terrorismo, la Constitución...». Sus ideas generaban polémica y reacción en los lectores, y confirman que fue una persona «preocupada por los problemas de su tiempo». Una selección de aquellas poesías satíricas ha sido publicada por Miquel Àngel Vidal, biógrafo y experto en el escritor de Binissalem, y colaborador de este diario.

—Basta releer las glosas de Llorenç Moyà para comprobar que en Mallorca las cosas no han cambiado tanto en los últimos treinta años...
— Los temas que él trató entonces y que eran conflictivos y candentes, como la lengua, la senyera, el dialectalismo,... siguen estando. Se podrían volver a publicar y no habría ningún tipo de problema diacrónico.

—¿Qué explica que no se dedicará hasta sus últimos años a generar opinión?
—Moyà tuvo realmente dos actitudes. Ha pasado a la historia como una autor preocupado, sobre todo, por los temas religiosos, cantor de santos y vírgenes, un autor evasionista al que no le preocupaba tanto la realidad como el esteticismo, la belleza. Esa es la imagen que tiene, pero a mí me interesaba más el Moyà que se preocupaba por los problemas de su tiempo y que toma esa actitud más crítica, realista, más incisiva y polémica. Hizo algunas cosas en teatro que muestran esta línea, pero en Gloses d’Un Xafarder es donde se verifica todo esto.

—¿Quizá se encontró tarde con el medio adecuado para desarrollar esa segunda actitud?
—Creo que viene por otro lado. Era homosexual, una persona bastante reprimida que provenía de una familia de tradición militar... Todo hizo que le costara mucho hacer una poesía íntima. Se volcó con las vírgenes y los santos para evitar hablar de sí mismo. Murió su madre, y se liberó un poco. Escribió un libro de poemas dedicado a un amor que tuvo entonces. Entre el 74 y 76 encontramos su poesía amorosa, más intimista, sin la virgen por el medio. Luego no volvió hacerlo, se dedicó a la poesía cívica y realista. En Xafarder es donde encontramos su ideología, al Moyà en estado puro.

—Era catalanista, y un gran defensor de la lengua y la cultura propias.
—Sería un crítico brutal del gobierno de Bauzá y, sobre todo, del PP. Era un catalanista bastante radical, ya era crítico en su época y lo seguiría siendo ahora.

—¿Es de los que se hubiera puesto la camiseta verde contra el TIL?
— Posiblemente... Él participaba en actos públicos. Iba al 1 de Mayo, a la manifestación contra la urbanización de la Dragonera, contra la autopista de Inca... Participó en los movimientos sociales, era una persona implicada y creía que la ciudadanía tenía que moverse y luchar por lo que creía.

—Es la persona que más conoce hoy la figura del escritor, ¿cómo fue Llorenç Moyà?
—Era muy buena persona, tímido, no exponía su intimidad, era poco vanidoso, y, sobre todo, era un gran orador, le gustaba la tertulia, reunirse a merendar con los amigos en Can Gelabert... Recordamos que ahí nacen las Festes del Vermar.

—¿Ha sido correctamente valorado en esta tierra?
—Estoy convencido de que hasta ahora ha tenido una repercusión muy localizada porque dos de sus obras (L’Adoració y Via Crucis) se han hecho muy populares. Quizá por ello ha quedado esa imagen de que su obra es barroca. El resto de su producción ha sido olvidada, pero los últimos estudios han ayudado cambiar esta tendencia. No será recordado como un genio, pero tiene una obra importante por su magnitud, por sus temáticas... Es un prototipo de autor imprescindible en toda literatura.

—¿Considera que institucionalmente se han puesto demasiadas excusas para no poner en marcha esa fundación que difunda su legado?
—El Ajuntament no está haciendo todo lo que debería para que su legado ocupe el lugar que merece, que sea público y se pueda consultar. Creo que está incumpliendo los compromisos por los que la familia cedió la obra. Si no lo puede asumir, que lo ceda, por ejemplo, a la biblioteca Lluís Alemany.

—¿Qué sorpresas le ha dejado su intensa investigación del personaje?
—El biógrafo siempre tiene la sensación de que tiene una cierta coincidencia, por muy diferentes que sean las personas, con el personaje. Respecto a la obra, entré a estudiarlo pensando que era un autor menor y es mucho más importante de los que preveía. Ha sido una grata sorpresa.