Bernat Pomar ya tiene una calle en Palma. | Jaume Morey

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Su pasión por la música era innegable, así como su dedicación al violín, no sólo como músico y compositor, sino también como pedagogo, una faceta con la que inspiró a muchos jóvenes a iniciarse en el instrumento de cuerda, pero ahora, la memoria de Bernat Pomar (1932-2011) será recordada, «no sólo por su música, sino porque una calle de Palma lleva su nombre». Y es que ayer se descubrió la placa con el nombre del músico en la urbanización de Son Muntaner, en Son Rapinya, en un acto al que acudieron medio centenar de personas, entre familiares, amigos y alumnos, y que contó con una pequeña actuación.

«A mí me produce un sentimiento ambivalente», explicó el hijo del compositor, Jaume Pomar. «Por un lado estoy orgulloso de este homenaje, y por otro lamento que mi padre no pueda estar aquí hoy». Para Jaume Pomar, el nombramiento de esta calle es «una metáfora» de cómo era la casa de su progenitor, «con la puerta siempre abierta a todos, como esta vía». Además, quiso recordar que las obras de Bernat Pomar «llevan a Mallorca en sus notas, y éstas se tocan en muchos lugares del mundo, como en Estados Unidos, donde uno de sus alumnos, Francisco García-Fullana, interpreta sus piezas».

El regidor de Cultura del Ajuntament de Palma, Fernando Gilet, destacó que Pomar «tuvo una vida de dedicación a la música y a la cultura en todas sus facetas y se le recordará, no sólo por sus composiciones e interpretaciones, además del recuerdo de sus familiares, alumnos y amigos, sino ahora también por esta calle, que perdurará en Ciutat, al igual que su memoria».

Después de destapar la placa con el nombre de Bernat Pomar, Xavier Pericás, quien fuera alumno del compositor y ahora profesor, acompañó a dos nietos de Pomar, Maria y Jaume, junto a otros dos pequeñas, Fiorela y Clara, en una demostración del sistema de aprendizaje que creó Pomar, El meu violí , tras lo que Pericás, acompañado por Serafín Nebot, interpretaron Diàleg de violins , la última composición de Pomar. El acto concluyó con la pieza Cant trist , que tocaron los nietos del músico junto a Nebot y Pericás.