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Las voces de las monjas de Santa Magdalena sonando tras la reja de la clausura acompañaban a los fieles y visitantes sentados frente a la casa santa o monument, ayer por la mañana, impregnando el ambiente de paz. El público no dejó de entrar y salir de las iglesias a lo largo de la mañana, pero lo hacía en silencio y con respeto. Este monasterio de Ciutat forma parte del recorrido que los palmesanos hacen cada Jueves y Viernes Santo por templos y conventos para vivir una tradición que Cort quiere potenciar como reclamo turístico de estas fechas y sobre la que ha editado un folleto.

Maria Antonia y Encarna son dos jóvenes jubiladas que siempre han hecho las ruta de las casas santas, «menos cuando estábamos de viaje». «Parece que este año hay más gente que otros», comentaban. Aunque confesaban que no «somos unas entendidas», sí se habían fijado en muchos detalles a lo largo de la ruta, que completaron por la zona baja y alta del casco antiguo. «La urna de Santa Magdalena es una de las más bonitas, parece de carey y plata, y en Sant Jaume, con tantas flores rojas, no van con la tradición». La primera es del siglo XVII y dicen los entendidos que es «una de las más elegantes» de Mallorca desde el punto de vista estético, aunque se desconoce su autor.

Secular

Cabe recordar que en la casa santa se guarda el Santísimo tras el oficio del Jueves Santo y que es una tradición secular en Mallorca de la que, según el cronista de la ciudad, Tomeu Bestard, ya se habla en la novela medieval Tirant lo Blanc. Las urnas son verdaderas piezas de artes suntuarias; algunas, como las de Sant Francesc o la Sang, finalizan coronadas por el cordero pascual; otras, como la de la Seu, de plata, están decoradas a base de filigrana y ayer se ornamentaba con sencillos ramos de flores blancas y amarillas; la de las Caputxines, de 1783, es de estilo rococó, y todas ellas fueron elaboradas por maestros plateros o ebanistas que dominaban el oficio.

En torno a la urna, existe todo un ritual decorativo a base de flores, cirios y unas plantas específicas denominadas bruis, que se plantan con un mes de antelación a estas fiestas y que adquieren un tono blanco característico porque crecen a oscuras.

Frente a la casa santa de Sant Jaume, Joan Guaita, Presidente de la Fundació Amics del Patrimoni, deba la «bienvenida a esta iniciativa de Cort de potenciar esta tradición; como sucede con los llits de la Mare de Deu es una cultura inmaterial que se debe potenciar»»