«Prefiero volcar en los libros mis preocupaciones que mis ideas»

Max presenta hoy en la librería Literanta de Palma su último álbum, ‘Vapor’

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Max posó para esta entrevista en la librería Laie de Barcelona, tras la presentación de’Vapor’ a los lectores catalanes. FOTO: CARLES DOMENEC

Max posó para esta entrevista en la librería Laie de Barcelona, tras la presentación de’Vapor’ a los lectores catalanes. FOTO: CARLES DOMENEC

24-10-2012

Ya no es fácil el exilio interior ni en el desierto, hay demasiadas distracciones. Así le sucede a Nick, el protagonista de Vapor, el último álbum del Premio Nacional de Cómic Francesc Capdevila (Barcelona, 1956), más conocido como Max, que presentará hoy, a las 20.00 horas, en la librería Literanta de Palma.

—¿Qué motivó la creación de Vapor?

—La saturación de estímulos externos, vía medios de comunicación, publicidad y todo lo que continuamente nos llega. Estamos llenos de información, a veces es abusivo.

—¿Cree que el acceso a muchos datos es una forma de desinformación?

—Sí, sobre todo si detrás no hay nada. Un día de Sant Antoni de hace tres años llegué al santo, las tentaciones y el demonio. Un amigo de Sineu me dejó el libro Las tentaciones de San Antonio, de Flaubert. Dios ya no tiene una presencia social. Pensé en un tío que marcha al desierto. El sustituto de las tentaciones podían ser las distracciones del mundo.

—En el desierto hay menos distracciones y las que quedan son más poderosas.

—Evidentemente. El personaje se sitúa en una precariedad existencial, solo, sin refugio ni comida. Cualquier cosa es una tentación en esta situación. Empieza a encontrar personajes que le distraen. Arrastra los recuerdos de su vida mundana que funcionan como distracción interna. Trata de deshacerse de todo. Busca la utopía de la paz mental y encontrar el sentido de la vida.

—¿Qué relación hay en el personaje entre el pragmatismo y el sentido religioso?

—He querido huir de la religión como salida clásica a una situación de este tipo. Hoy en día es inconcebible que alguien marche al desierto para encontrar a Dios. Lo divino se ha convertido en laico. En mi vida la religión no tiene ningún papel, como en mucha gente, incluso siendo creyente. Se puede ser buena persona sin creer en nada.

—¿Hasta qué punto la obra se enriquece de las múltiples referencias culturales que incorpora?

—Siempre busco montar un trípode donde cada pata se apoye en algo que ya existe, en la tradición. En este caso, existe una tradición visual que tiene que ver con los pintores flamencos, que tocaron el tema de las tentaciones de Sant Antoni. Hay otra pata que se apoya en los pioneros del cómic de principios del siglo XX. Me siento incapaz de trabajar a partir del vacío absoluto.

—Un proyecto tan personal debe tener mucho de su manera de entender el mundo, hoy y ahora.

—Parto de un tema que me preocupa y me pongo a fabular. A veces tengo ganas de desconectar de todo. Pones la tele y te sorprendes de cómo hemos podido llegar a esto. Dejo temas ambiguos para que sea el lector quien decida. Los escritores no son líderes de opinión. Yo soy un humilde autor de cómics. Prefiero volcar en los libros mis preocupaciones que mis ideas.

—¿Por qué escribe en castellano?

—Porque estudié españolizado, bajo Franco, y es lo que pasa cuando te españolizan.

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