Precinto de los locales de ensayo en Son Pardo. | Jaume Morey

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Es la crónica de una muerte anunciada. Los locales de ensayo de Son Pardo cerraron ayer por «no tener licencia». Fue, precisamente su titular, Juan Vadell Lladó quien, ante decenas de músicos y dos furgones de la Policía Local, puso el candado. Fue su propio verdugo.

Una denuncia de un particular el 19 de abril de 2011 condenó a Vadell y a los músicos que tocaban ahí. «Estoy contento. Nos han dado un mes de plazo para obtener los permisos de legalidad», exclamó el dueño, que ha pedido una «licencia exprés de obra» para acondicionar las instalaciones de acuerdo con la demanda del Ajuntament de Palma: que sea un 55 por ciento de suelo deportivo. El técnico ingeniero que se ha encargado de elaborar el proyecto adaptado al nuevo espacio, reconoció que si Cort lo aprueba, «podría reabrirse en un mes».

De hecho, los obreros tendrán acceso para hacer, definitivamente, unos vestuarios. Este paréntesis después de una actividad ininterrumpida durante dos décadas tiene forma de escepticismo para los músicos. «¿Dónde iremos a ensayar?»

Juan Vadell ha adoptado a una familia de músicos que ahora se queda «desamparada». «Todos me conocéis, os habéis hecho hombres conmigo», les decía ‘El Padrino’ a sus hijos, en la puerta de los 678 metros cuadrados de su finca. Él se compara con una pelota, «cuánto más me pegan, más reboto».

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Al mes se hacía con unos «4.900 euros» aproximadamente por el alquiler de los 33 locales, que compartían los más de 60 grupos y que pagaban en función del tamaño de la sala. De momento, el martes esperan respuesta de Cort.

Mientras tanto, los ya exinquilinos se irán con la música a otra parte.