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«Que siempre le recuerden como un gran hombre, un gran artista y un gran maestro». Ésta fue la emotiva petición de Amelia García, viuda del escultor Jaume Mir (Felanitx, 1915-Palma, 2012), ayer durante el homenaje en forma de exposición en la que fuera prácticamente su segunda casa: la Escola Superior de Disseny.

Jaume Mir, in Memoriam son una selección de obras del artista con un protagonista, El hondero balear , una figura humana dotada de integridad física y mucho realismo. Esta pieza supuso el inicio de una nueva etapa para Mir; dejó la escuela y decidió no hacer más encargos. El acto, al que acudió medio centenar de personas entre los que se encontraban familiares, autoridades, conocidos y alumnos, sirvió para «revivir emociones y recordar épocas inolvidables», según expresó Irene Mestre, directora del centro en el que Jaume Mir fue profesor y director durante 44 años de su vida.

La muestra, que se podrá visitar hasta el 19 de octubre, está compuesta de bocetos tridimensionales, esculturas de bronce y madera y un busto de Mir que Hipólito Fernández Córcoles, antiguo alumno del homenajeado, le dedicó.

El maestro demostró con las piezas expuestas que tenía un don para analizar y entender la anatomía humana. Miguel José Deyà, director general de Universitats en representación de Rafael Bosch, dijo de él que «era un ejemplo de mallorquinismo».