Francesc Mulet, alcalde de Valldemossa y presidente de la Sociedad Civil de la Cartoixa. | ultimahora.es

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«Hemos cogido la presidencia [de la nueva Sociedad Civil que gestionará la Cartoixa] para ver cómo podemos mejorar y para defender los intereses del pueblo». Así se expresaba ayer Francesc Mulet, alcalde de Valldemossa, ante el anuncio de la familia Quetglas-Tous, propietaria de la Celda 4 de la Cartoixa, de abandonar la Sociedad Civil que gestiona este complejo, que es Bien de Interés Cultural (BIC).

Mulet se manifestaba «molesto porque no nos han informado de cuál va a ser su proceder», en alusión al anuncio de los Quetglas, ayer a los medios de comunicación, de que comenzarán su actividad en solitario a partir del 1 de marzo.

Con la nueva situación, el visitante de la Cartoixa se encontrará con dos opciones. Una, por tres euros, la visita a la Celda 4, sobre la que una juez sentenció hace unos meses que había sido la residencia de Chopin y George Sand durante su estancia en Valldemosa. Otra, por 7,5 euros, el acceso al resto de dependencias, que incluye un recorrido por la antigua farmacia de la Cartoixa, el Museo Chopin de la Celda 2 y el material de la imprenta Guasp, todo ello propiedad de la familia Capllonch; además, la Celda Prioral, el Museo Municipal, el Palau del Rei Sanxo o la iglesia, espacios de distintos propietarios que, junto con el Ajuntament, forman la citada sociedad. La excepción es el Obispado, a quien se paga una cantidad en concepto de alquiler por incluir la iglesia en la entrada común que, ante el giro de los acontecimientos, se ha bajado un euro.

«El lunes nos pondremos a estudiar los requisitos que necesitan, ver si es competencia nuestra [otorgar los permisos] o si, como se trata un conjunto protegido, también lo es de Patrimonio», reflexionaba el alcalde sobre los permisos que deberán solicitar los Quetglas para comenzar su andadura en solitario y abrir su taquilla de venta de entradas.

Mulet, que preside la Sociedad Civil Real Cartuja de Valldemossa desde hace unos días, añadió que, tal vez ahora sería el momento de «avanzar y mejorar, ponernos las pilas», aunque desconoce cómo afectará la ruptura. «Nosotros seguiremos ofreciendo la visita guiada, que incluye cosas importantes, y no tendría que afectar». Sin embargo, el rumbo que están tomando los acontecimientos le ha llevado a la presidencia de la entidad de gestión porque «aunque éramos un socio más, ahora todo esto suscita comentarios entre los vecinos y debemos mirar por el interés del pueblo y por la economía». La Cartoixa es el principal activo turístico de la villa. «Hubo un pequeño decrecimiento, pero en 2011 hemos superado a 2010», comentaba respecto a los visitantes.

Mulet señala sobre los Quetglas que «estuvimos negociando para que no se fueran, les ofrecimos subir su participación al 14 por ciento, lo que significa más de un 27 por ciento de las ganancias». El Ajuntament, con un 24%, y los Capllonch, con un 23%, detentan la mayor participación. Los Quetglas tenían un 11%.

Por su parte, Gabriel Quetglas apuntaba ayer que «todavía no hemos pedido los permisos, tenemos tiempo».

«Último cartucho»

Para Rosa Capllonch, la salida de los Quetglas es «un ataque más, el último cartucho que les quedaba en la recámara». «Como no nos han conseguido hundir, ahora, tras las discusiones y los juicios, se ponen en contra de los ocho socios de la Sociedad Civil», asegura Capllonch, quien añade: «Los Quetglas siempre se han movido por el victimismo y, quizás, su salida será beneficiosa para el resto porque siempre votaban en contra de todas las propuestas, como crear una pagina web».