César Antonio Molina posa en Palma para esta entrevista. | M. À. Cañellas

César Antonio Molina (A Coruña, 1952) visita de nuevo la Isla, en esta ocasión como jurado del Premi Ciutat de Palma Camilo José Cela, al que se han presentado novelas «de muy buen nivel», dice. El exministro, al frente ahora de la Casa del Lector, tiene las ideas muy claras cuando habla de la cultura, porque «he estado en ella desde jovencito». Volcado en la escritura y en sus clases en la universidad, Molina ha roto con su etapa política. «Yo ya he servido a la patria».

-Siempre se recordará su expresión durante la visita al Museu de Mallorca, «¡Esto es una sauna!». Las infraestructuras las encontró muy mal...

-El estado del Museu de Mallorca era lamentable, y yo reconocí eso. Teníamos muchos proyectos para la Isla y en Eivissa igual con el museo arqueológico, la biblioteca... Una ciudad como Palma, con millones de visitantes de todo el mundo, tiene que tener un museo en condiciones.

-Impulsó el plan arqueológico subacuático y aquí dejamos perder las ayudas para realizar la carta arqueológica. ¿No se valora el patrimonio?

-Nada más llegar al ministerio me entregué a esto porque con anterioridad no se había hecho nada. Incluso lo que se había hecho había sido para favorecer el expolio. Me dediqué a viajar a Bruselas y por América, concienciando a mis homólogos de que hay empresas piratas como Odissey y de que no podemos consentir que nuestro patrimonio subacuático quede en manos de gente que se dedica a expoliar.

-Una empresa, usando un radar, dice ahora que ha encontrado un puerto en Alcúdia con kilómetros cuadrados de restos...

-Ahí tiene que intervenir la comunidad autónoma inmediatamente, y el Ministerio de Cultura. Tiene que comprobarse eso.

-¿Entiende a quienes se han molestado con la decisión del PP de incluir los Ciutat de Palma en castellano?

-Soy gallego, siempre he hablado en gallego y en castellano. Cuantas más lenguas se hablen, mejor. Lo que entiendo es que hay dos lenguas cooficiales y el mismo respeto se merecen una y otra.


-La política cultural hoy pasa por cerrar el grifo y pagar deudas. ¿A dónde nos lleva?

-Como cualquier familia hay que pagar las deudas. Luego ya nos podremos permitir algún lujo.

-¿Se ha pecado de ‘subvencionitis'?

-La cultura es la identidad de un país, es fundamental y por eso necesita ayudas y la colaboración de Estado, si no desaparecerá.

-¿La iniciativa privada es la alternativa ahora?

-El problema es que la iniciativa privada no tiene un duro. Las empresas están muy apuradas y exigir ahora el mecenazgo privado es una entelequia.

-¿Como ministro qué le quedó por hacer?

-Muchas cosas, muchos proyectos... Desde jovencito he estado en la cultura y, por tanto, era el ministro de mí mismo, de mi visión del mundo. Me hubiera gustado que la acción cultural exterior perteneciera al Ministerio de Cultura y no a Exteriores. Quería que la cultura tuviera más presencia, más poder.

-Fue director del Cervantes, ¿cree que Vargas Llosa era un buen candidato?

-Vargas Llosa siempre ha estado en el Cervantes. Esto era ir un poco más allá. Vargas Llosa sería un maravilloso presidente de la república, un maravilloso Papa, un maravilloso monje tibetano... Cualquier cosa la haría bien.

-¿Qué le tiene ocupado?

-Tengo muchos proyectos... Libros, artículos, conferencias, las clases de la universidad. No doy a basto, mi vida ha mejorado porque la de ministro o director del Cervantes es dura.

-¿La memorística le permite contar esas cosas que no dice en las entrevistas?

-Claro. En mi último libro hay dos o tres capítulos de cosas que quiero contar. Pero habrá otro libro más adelante, que ya tengo escrito, pero ahora no es del todo el momento oportuno. Lo he leído y me he sorprendido. Contaré algunas cosas sobre la cultura y el poder, o cómo se llevó a cabo mi cese.

-¿Aún tiene la espina clavada?

-Bueno, ya la desclavé. Pero sí, sí la tuve. Como la de Machado, hay que quitársela.