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«Palma ha cambiado. En el último siglo ha perdido gran parte de su patrimonio, principalmente por la urbanización». El historiador Xavier Terrasa es autor del libro El patrimonio desaparecido de Palma, de reciente publicación (Edi. Temporae), y con él recorrimos Ciutat para ver los cambios ocurridos en la pasada centuria.

«No es un libro pesimista», expresa Terrasa, «lo hice para que, mirando al futuro, se vea que se puede conservar el patrimonio y rehabilitarlo, en vez de destruirlo».

Terrasa trabaja como gestor cultural en la Associació per la Revitalització dels Centres Antics (ARCA) y ha reunido fotografías de principios del siglo XX que acompaña con textos explicativos. El libro cuenta con diez capítulos que dividen el patrimonio en murallas, monumentos y calles.

«Lo que más me llama la atención», explica, «es todo aquello que una vez fue considerado Patrimonio Histórico y Artístico y, poco después, fue derruido, como la Porta de Santa Catalina», que estaba ubicada en el cruce de las calles Sant Miquel y Marie Curie.

Para el autor, lo más «impactante es comprobar que gran parte de las murallas que rodeaban Palma han desaparecido». También le «sorprende» que grandes casals como el de Can Puigdorfila, ubicado en la calle homónima, «no sobrevivieran a la especulación», o que se acabara con «joyas góticas» como el convento de Santo Domingo, situado en la actual calle Palau Reial. También «lamenta» la desaparición de los 28 molinos que había en la calle Joan Maragall. Hay lugares que formaron parte «de la vida cotidiana», dice, como la antigua plaza de toros, que desapareció dos años después de la construcción del Coliseo Balear. Otro espacio que conseguía reunir a mucha gente era el Frontón Balear S.A., «que tenía una grada para 840 personas», situado junto a sa Riera. El trazado viario también se ha modificado. «El centro ha sufrido una gran reforma», un ejemplo es la calle Velázquez, anteriormente llamada Camaró.