El humorista Javier Nácher e una actuación reciente. | ultimahora.es

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Desde el auge de los monólogos stand-up que puso de moda Paramount Comedy, el género ha sufrido algunas modificaciones, y la Isla no ha querido quedarse atrás en esta evolución. Son muchos los locales en Mallorca que ofrecen la oportunidad de ver estos espectáculos que, con el tiempo, han ganado en teatralización y humor inteligente.

«En España ha habido un boom de gente que se dedica al humor», explica Javier Nácher. «Hay muchas personas que se intentan ganar la vida con esto y no saben lo difícil que puede llegar a ser, o la preparación que se necesita, ni lo sobresaturado que está el mercado», añade. «Son muchos los que intentan hacer monólogos», expresa Lorenzo Pons, «pero les falta cualquier tipo de formación o de técnica, a diferencia de lo que pasa en el teatro, y un monologuista tendría que tener unos conocimientos teatrales y, sobre todo, tendrían que ser personas a las que les guste actuar, y no solo hacerse el 'graciosillo'».

Cambio

«El mundo de los monólogos ha cambiado. Hace muchos años la gente que se subía a un escenario para hacer reír se limitaba a contar un chiste detrás del otro, pero hoy en día esto ha evolucionado, y se cuenta un historia, en la que se intercalan algunos chistes, pero siempre siguiendo una estructura», comenta Gabriel Marcomini. «Para que la gente se ría, has de contar historias que sabes que les ha pasado», declara Marga Bonnín. «En el humor, como en todo, hay que renovar o morir, y ahora está saliendo gente que prueba bastantes cosas nuevas», matiza la actriz.

«Una parte importante para hacer reír a la gente es cómo cuentas las cosas» apostilla Pons, «además, es primordial que el público está predispuesto a divertirse, porque sino se pasa muy mal». «Es sorprendente como puede cambiar el tipo de espectador en pocos kilómetros de diferencia», sostiene Nácher, quien indica que «no suelo cambiar el espectáculo en sí mismo, pero sí que modifico la manera de decirlo, según el tipo de asistentes, ayudándome a veces del humor más autóctono». «Tardé unos meses en adaptar mi monólogo a la gente de la Isla. La gente entiende el humor de manera diferente según que cultura tengan. A mi me decían que el público de aquí era más tenue y frío, pero jamás me lo pareció, es un público maravilloso», recuerda Marcomini. «Hay que saber adaptarse», expresa Bonnín, «porque incluso en la Isla, según la zona en la que actúes, tienes un tipo de espectador u otro».

«El problema en la Isla no es que falten sitios», expone Marcomini, «sino mas bien falta que se abran algunos espacios para todos aquellos que tengan una propuesta artística interesante, y que trabajen con conciencia».

«Hay bastantes lugares donde se hacen monólogos en Mallorca. Hay locales en los que se están montando bastantes espectáculo de humor, sitios fijos donde la gente sabe que puede ir a ver monólogos», matiza la actriz. «En la Península, cada vez se abren más teatros para hacer espectáculos de humor, en los que se añaden nuevos elementos como la música, el vídeo o incluso la magia, llegando a conseguir el humor definitivo», concluye Nácher.