Miko, en una imagen reciente. | Pedro Prieto

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Miko Heikkila, voz del grupo Fool's Kin, tienen un problema. Un tumor en su cerebro, el la parte izquierda. Pero a su lado tiene un ángel, Laura, su novia. Y entre ella, que no le deja ni un instante, su fuerza de voluntad y entereza, y que sabe ver siempre el lado positivo de la vida, va a salir de esta. Aunque para ello tendrá que viajar a Praga. O a Hannover. O a Londres. Tres ciudades donde puede ser tratado de un mal al que aquí han dado pocas esperanzas. «Pero antes que eso -dice Laura- vamos a viajar a Barcelona, al Vall d'Ebrón, donde un médico que ha visto su historial cree que puede haber solución»

Pero claro, hay otro problema. Por aquello de que un joven que va por libre laboralmente hablando jamás piensa que le puede suceder lo que a él, no se le ocurre hacerse un seguro, por lo tanto, cuando sucede, muy a pesar suyo, debe dejar de trabajar sin percibir nada, ni una mísera paga. Pero ahí está ella, Laura, estudiante de pastelería en la UIB y camarera en el Lisboa en los fines de semana. Y ahí también está la familia de Miko.

Y sus amigos, músicos casi todos. Y esos otros 1.800 que le están apoyando desde hace unas semanas a través de Facebook, a través del muro Amigos de Miko, a quienes propongo ingresar diez euros en la cuenta abierta a su nombre, con lo que conseguiríamos 18.000 euros, más otros 7.000 que se obtendrían a través del festival que se ha organizado en el Assaig el día 18 de este mes, con Jaume Anglada, Alma Sonora, Jaime de La Musicalité, Full Metal, Jacket, Black Jack, y otros que se irán sumando, más los chupitos Nico Power que se sirven el los bares Lisboa, Hoogans y Fraguel, tenemos esa cantidad de dinero para que pueda viajar y ser operado de ese tumor, al principio benigno, que tenía el tamaño de una almendra, pero que con el paso del tiempo se ha convertido en maligno adquiriendo el volumen de un pomelo.

Actuar

Porque no vamos a entrar en detalles de cómo ha sido el proceso de este tumor descubierto hace siete años en la parte izquierda de su cerebro, tumor no maligno entonces, hasta convertirse en maligno, sino que lo vamos a resumir con 17 palabras: mientras la enfermedad viaja a velocidad de Ferrari, la Medicina lo hace a la de un utilitario. Aparte, hay una descoordinación total.

Tras una revisión después de la primera operación, se descubre que el tumor ha crecido, pero le dicen que lo que ha crecido ha sido la cicatriz. Hay un periodo de tiempo que no pasa más revisiones porque nadie le dice que las pase. El tumor progresa y entonces se descubre que es tumor, que no cicatriz. «Tampoco nadie nos dice que en otro lugar de Europa ese tumor puede tratarse a través de Gamaknife, una máquina que lo detecta y al mismo tiempo lo ataca. Pero ahora es inútil lamentarse del pasado y sí necesario seguir mirando hacia adelante».

Entre todos sí podemos

Y en ésas están. Y entre todos hemos de conseguir esos 25.000 euros. Y si nos lo proponemos, lo vamos a lograr. Porque por lo demás, Miko, que ya ven, ni ha fumado, ni ha bebido, ni se ha drogado una sola vez en su vida, está más que atendido. «A Miko le quiero más que nunca. Si siempre le he querido -dice Laura -, ¿cómo no le voy a querer ahora que es cuando más me necesita? Estaré a su lado siempre».

Así pues, el 18 de noviembre, todos al Assaig. Y si no cabemos, da lo mismo: hay que dejar en algún lugar los 10 euros que vale la entrada. Y antes, hay que ir a Hoogans, el 9, a otro concierto, éste a precio de 5 euros la entrada. Que todo sea por Miko, quien a pesar de todo, desde su silla de ruedas, sigue plantado cara a la vida. Y que si por él dependiera, seguiría cantando, como hizo hasta la pasada semana que fue cuando el médico le dijo que parara.