Concierto de Sabina en el Palma Arena. | Teresa Ayuga

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Con cinco minutos de retraso y ataviado con un bombín -marca de la casa-, una americana tipo frac y una camiseta negra, Joaquín Sabina se presentó anoche ante unos 6.500 seguidores en el Palma Arena para presentar los temas de su último lanzamiento, Vinagre y rosas . El ambiente que se respiraba era como nunca se había visto en el velódromo, con un público que iba desde los 15 hasta los 60 años.

Antes incluso de presentarse ante su público, el maestro Sabina entonó una versión muy propia y particular de Lili Marleen , de la diva Marlene Dietrich, una canción cabaretera de la Segunda Guerra Mundial.

Tras este inicio inesperado, llegó el turno de los temas de su más reciente trabajo discográfico. Tiramisú de limón , primer single extraído del álbum, abrió el repertorio de un concierto cuyo sonido era más que aceptable. El de Jaén mostró que todavía mantiene una muy buena forma vocal.

Sin duda Sabina es uno de esos artistas que sabe codearse con lo mejorcito en cuanto a músicos se refiere, por eso los seis que le acompañaron en su actuación despuntaron positivamente y bordaron las melodías al milímetro.

Viudita de Clicquot, Ni puta idea y Medias negras fueron los siguientes temas que se escucharon en el Palma Arena. Para esta última canción, Sabina agarró la guitarra eléctrica, mostrando su faceta más rockera, actitud que se mantuvo durante todo el tramo inicial del concierto.

Pasada casi la primera mitad de la velada, Sabina entonó uno de sus clásicos, la canción Peor para el sol , extraído de uno de sus álbumes más celebrados, Física y química (1992).

Miles de asistentes se acercaron a esta revolución popular, que colapsó las cercanías al recinto hasta una hora antes de su inicio para cenar con tranquilidad en los puestos típicos de este tipo de evento. Además, hasta cinco estands con merchandising sobre el cantautor se repartieron por el velódromo.