Imagen del escritor Abilio Estévez, quien participará, en Palma, en una tertulia sobre su obra.

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Escritor polifacético -es novelista, cuentista, poeta y dramaturgo-, Abilio Estévez (La Habana, 1954) ha sabido transmitir sus propios sentimientos en cada una de sus obras. El bailarín ruso de Montecarlo (Tusquets, 2010) es su última entrega, inspirada en parte en la ciudad de Barcelona, donde el autor reside desde que abandonó su país natal, Cuba, cuyo regimen político ha criticado duramente. Estévez se acercará hoy, a las 20.30, a la librería Àgora de Palma (Jardí Botànic, 2) para charlar en una tertulia sobre su obra.

-Constantino Augusto de Moreas, el protagonista de su última novela, es su primer personaje que logra escapar con éxito del mundo habanero. ¿Existe algun paralelismo entre usted y su protagonista?
-Hay muchos puntos de contacto entre Constantino Augusto de Moreas y yo, aunque también hay muchos puntos de divergencia. Pero, al menos, en este punto, tanto él como yo pudimos huir y sentir el placer de la huida. Alcanzar la lejanía como modo de alcanzar la libertad.

-La huida es uno de los temas recurrentes en sus libros. ¿Siente usted una necesidad continua de huir?
-Al menos la sentía. Es muy duro vivir en la isla doblemente aislada: por el mar y por la historia. El encierro es algo muy doloroso. La sensación de que el mundo va por un lado y uno, por otro. Se experimenta una sensación muy angustiosa de que se desperdicia la propia vida. Insisto, huir parece ser el único modo de alcanzar la redención personal.

-Usted ha declarado que en realidad es un bailarín frustrado. ¿Que quiere decir con eso?
-Seguramente fue una broma. Como cuando le preguntaron a Alejo Carpentier quién le hubiera gustado ser y respondió que Fred Astaire. Las personas que vivimos sentadas frente a ordenadores sentimos una gran envidia por los que saben usar su cuerpo y hacer arte con él. Lograr la belleza con el propio cuerpo es una virtud suprema.

-¿Le asusta no alcanzar el éxito que obtuvo con la trilogía que cerró con Tuyo es el reino?
-No, la verdad es que no me asusta. La máxima aspiración es ser honrado, escribir con honestidad y lo mejor posible. No se puede pensar en la propia literatura como si uno fuera un deportista que intenta superar sus marcas. La literatura tiene que ver con la verdad, con la propia verdad y con la vida, no con superar las propias marcas. Cuando se comprende esto, uno se sienta a escribir con toda la humildad posible.

-¿Qué le debe a Barcelona, la ciudad que le acogió cuando se marchó de Cuba?
-Mucho. Le debo mucho. Barcelona me ha acogido como si fuera mi propia ciudad. Me siento en ella muy bien y le agradezco su generosidad.

-Hace unas semanas llegaron a España ex presos políticos cubanos. ¿Cree usted que son acertados los procesos de la Unión Europea para la democratización de Cuba?
-Soy muy escéptico con cualquier tipo de política ajena a la propia realidad cubana. El embargo norteamericano no ha dado frutos. La flexibilidad tampoco. ¿Cuál es entonces la mejor política hacia la democratización de Cuba? No lo sé.

-¿Qué opina de la situación cubana actual?
-Es una situación muy complicada, inmóvil, detenida. A veces, inexplicable. En medio de eso, un pueblo que pasa penurias, que vive mal.