Javier Krahe canta a las mujeres y a una "clase política nociva" en su último LP

Conciertos

Valorar:
preload
El cantautor madrileño Javier Krahe.

El cantautor madrileño Javier Krahe.

Joan Torres

X. Solà

Locuaz, lúcido e irónico, todos los adjetivos cuadran al cantautor madrileño, que actuará los próximos 3, 4 y 5 de abril en Palma. Si titulando su último disco Las diez de últimas pretendía ser ambiguo, desde luego lo ha conseguido.

Javier Krahe asegura no tener muy claro si será «el último»; sus canciones bien podrían ser una antología escéptica del desarrollo social de este país, no escatima collejas a la clase política «son una vergüenza», se solidariza con los indignados y asegura que las mujeres siguen siendo lo más importante «porque hacen más fácil la vida». La sátira y la ironía siguen del lado de uno de los cantautores más emblemáticos de la transición, que recala estos días en la sala Harlem de Palma.

Al otro extremo del teléfono su voz suena tímida, pero una vez en escena su estampa menuda y desgarbada se engrandece a cada estrofa. Los surcos que el tiempo ha dibujado en su rostro le conceden la legitimidad de quien acumula argumentos para hablar de la vida desde una atalaya de sabiduría. Lo primero que le viene a uno a la cabeza al enfrentarse al personaje es ¿qué preguntar a Javier Krahe sin parecer estúpido?, «tú pregunta y ya veremos», advierte. Y sin pensar disparo: con la que está cayendo ¿aún le quedan ganas de hurgar en la vida con ironía? «Supongo que sí», la mayoría de sus canciones hablan sobre relaciones con mujeres «pero nada inventado ¿eh?, todo lo que cuento ha pasado», el resto las dedica a la economía, la política y la 'filosófa', siendo el sarcasmo la cereza que corona el pastel, «no hay que confundir el sarcasmo con la ironía, son términos enfrentados». Pues ya puestos: ¿es el sarcasmo la herramienta de los perdedores? «según se mire».

Más allá de asuntos amatorios, sus canciones certifican el desapego hacia la clase política, «es muy nociva, ninguno pasaría la prueba del polígrafo». La primera en la frente, pero hay más: «solo hablan de economía obviando sus propias posturas éticas, que dejan mucho que desear». Le pregunto si saldremos de esta, «se necesita un cambio radical en la dirección política».