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Juan Antonio Martínez es sargento primero de la Guardia Civil. Está destinado en Palma, en la Agrupación de Tráfico. Es la primera vez que está en misión de paz en el extranjero. Aunque la ciudad haitiana de Belladere, en la frontera con la República Dominicana, le pilla algo lejos de Puerto Príncipe, ha estado en la capital varias veces: «La primera escoltado un convoy de alimentos que entró en el país por este punto fronterizo. Y en otra vez que he estado, me he he encontrado con el bombero mallorquín Joan Rosselló», relata.
A simple vista, Belladere es poco más que una calle alargada, con subidas y bajadas, sin asfaltar y sin tendido eléctrico, por tanto sin luz, sin frigoríficos y sin televisión, con una fuente de la que se abastece de agua la población. Nos llama la atención el cementerio, ubicado a la izquierda según se camina hacia la aduana, en el que en ocasiones, a poco de haber sido enterrado el difunto, profanan su tumba, sacan la caja, le sacan de ella dejándole tirado por ahí, y se la llevan para venderla. Nos dice que cuando, días antes, pasamos por allí para verle, estaba en un poblado cercano repartiendo ayuda humanitaria, «que de haber sabido que llegabais a esas horas, os hubiera estado esperando. No siempre pasa gente de Mallorca por aquí», dice.
Otra misión es controlar el paso de inmigrantes que a diario se produce en el puesto fronterizo. «Hay días en que pasa mucha gente, y aunque no suceda nada, hay que poner un poco de orden». Como también colaboran con la policía local, han de acudir al lugar donde se ha producido cualquier incidencia, un asesinato por ejemplo. En aquella zona se suelen ensañar mucho con la víctima a tenor de cómo la dejan abandonada. Y como a veces se toman la justicia po su mano, han tenido que rescatar a ladrones que, apresados por la gente, estaban a punto de ser linchados. «Esto se acostumbra hacer por aquí con los que roban. El otro días rescatamos a tres, a los que habían dado una paliza».