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A falta de cuatro jornadas para que la Liga baje el telón, el Mallorca ya ha inscrito su nombre en Primera División para la próxima temporada. Y el siguiente paso debe ser la renovación de Javier Aguirre, que salvo sorpresa debe hacerse oficial la próxima temporada. El entrenador mexicano, que el curso pasado supo reanimar a un cadáver que se despeñaba por el acantilado de la categoría, ha logrado construir un bloque granítico que es muy difícil de derribar y que arriba, con la pareja Kang-Muriqi, es una pesadilla para los rivales. Entre el coreano y el kosovar se han cocinado la salvación de un Mallorca que se puede permitir soñar con algo    más en estos cuatro últimos capítulos del campeonato.

El Mallorca ha sabido gestionar sus virtudes al máximo. Arropado atrás, con una sala de máquinas que roba y crea (la baja de Galarreta será una pérdida notable) y un ataque demoledor, el grupo balear    ha completado una temporada extraordinaria. Jamás ha coqueteado con el peligro y siempre se ha movido más cerca de Europa que del infierno.

Pablo Ortells debe mover pieza y la renovación de Javier Aguire debería ser el primer movimiento del Mallorca 23-24. El técnico, el gran artífice de la metamorfosis del último año, debe sostener el próximo proyecto en Primera. Una vez cerrado el futuro de Aguirre, ya habrá tiempo de saber cómo gestionará el dinero que recibirá por Kang In Lee... un lujo asiático en la Isla.