Kang In Lee, futbolista del Real Mallorca, durante el partido de esta temporada contra Osasuna en El Sadar. | Carlos Gil-Roig

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Kang In Lee (Incheon, 2001) ha empezado a interpretar ese papel protagonista que se le había asignado hace tiempo. En su segunda temporada en el Mallorca, el mediapunta coreano está sacándole brillo a su expediente en Primera División y tirando del equipo cuando se le reclama. El pasado domingo, sin ir más lejos, dio un paso al frente ante la baja de Muriqi y acabó firmando el gol del empate, el primero que celebraba junto a la afición de Son Moix. Lo hacía solo unas horas antes de ser convocado por el nuevo seleccionador de su país, Jurgen Klinsmann, para los dos primeros amistosos postmundial del combinado asiático, que le enfrentarán a Colombia y Uruguay cuando la Primera División abra su próximo paréntesis, a partir de la semana que viene.

En 25 jornadas de Liga, Kang ya le ha dado otro sentido a su tarjeta de presentación. Pieza fundamental en el rompecabezas de Javier Aguirre, todos los números que ha ido redactando desde el pasado verano están por encima de los de otras temporadas. De momento, suma siete titularidades y casi 400 minutos más de los que recopiló en todo el curso anterior y los tres tantos que ha marcado, además de ayudar al Mallorca a recolectar siete puntos, le han posicionado, junto a Dani Rodríguez, como el segundo jugador con más puntería de la plantilla a la espalda del Pirata Muriqi. A su vez, le han servido para romper su techo como goleador en el ático del fútbol español. Hasta que empezó la campaña solo había marcado otros tres. Dos con el Valencia y otro, ya vestido de rojo y en el Bernabéu, que no sirvió para mucho.

Con el dorsal 19 a la espalda, Kang se acerca a su primer centenar de encuentros en Primera y ha calcado como bermellón las huellas que dejó en el Valencia, el club que le formó y que fue su plataforma de lanzamiento. 62 partidos oficiales encuadernó como proyecto che y 61 amontona como estrella rojinegra.

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Desde que salió del cascarón en el que vivía en Mestalla, el trayecto de Kang In Lee había discurrido entre un bosque de interrogantes. En sus primeros meses como bermellón le costó abrirse paso y ni Luis García Plaza primero ni Aguirre después terminaron de encontrarle un sitio. Solo fue titular en 15 partidos y ejerció como actor secundario en el tramo decisivo, cuando el Mallorca se jugaba la categoría. Un contexto que cambió de manera radical entre el paso de un ejercicio a otro. El propio Aguirre, como reconoció hace unos meses en una entrevista concedida a este diario, habló con él para que diera un paso al frente. «Se le ha dado confianza», decía entonces el Vasco. «Hablé con él y le dije que tenía que ser un jugador importante. El club hizo un esfuerzo económico muy importante por él como para que esté en el banquillo. Tiene muchísima calidad para entrar y salir, para ser uno más de la plantilla. Debe ser un referente, asumir responsabilidades y coger galones. Y ahora lo está haciendo», explicaba.

Sin Take Kubo a su lado —el otro gran icono del fútbol asiático del fútbol español con el que apenas coincidió unos minutos sobre el tapete el pasado fin de semana—, Kang In Lee también ha crecido mucho fuera del campo. La presencia de aficionados surcoreanos se ha multiplicado en Son Bibiloni y Son Moix y su sombra en la selección se sigue alargando. Especialmente después del Mundial de Qatar, donde su participación fue relevante.

El cambio en el banquillo del combinado, que ha pasado de Paulo Bento a Klinsmann, tampoco le ha afectado. El exjugador alemán dio el domingo su primera lista de convocados y entre los 26 elegidos para los amistosos contra Colombia (24 de marzo en Ulsan) y Uruguay (28 de marzo en Seúl) figura el mediapunta, que pondrá rumbo hacia el lejano oriente después del partido contra el Betis. Kang In Lee tiene mucho terreno por delante para seguir creciendo. El futuro de Corea y del Mallorca es suyo.