El entrenador del RCD Mallorca, Luis García Plaza. | Efe

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Después de cinco derrotas en cadena, una nueva liga empieza para el Mallorca entre Cornellà y El Prat. Un campeonato en miniatura de solo diez jornadas de duración, un pequeño pelotón de equipos participantes y una única meta posible: una permanencia que semana a semana irá encareciendo su precio. Rodeado por los nubarrones y metido en el agujero más grande de toda la temporada, el equipo balear viaja este fin de semana a Barcelona con la necesidad de meter algo en el equipaje de vuelta antes de que se le empiece a echar encima el resto de la clasificación.

En su primera parada, el Mallorca intentará apagar el fuego que durante las últimas semanas ha calcinado casi todas sus reservas en el campo del Espanyol, un escenario en el que lleva una década sin clavar su bandera y en el retomará una rivalidad que se ha acentuado de forma especial durante el último año y medio.

Pelea

El cuadro bermellón, con las bajas de los sancionados Pablo Maffeo y Manolo Reina, está obligado a reaccionar contra el equipo que dirige Vicente Moreno, con el que ha mantenido una serie de agrias disputas —la última de ellas con la Copa del Rey como telón de fondo— desde que ambos descendieron a Segunda hace dos temporadas. La escuadra perica, que vive al margen de esa batalla por la supervivencia —los catalanes, con siete puntos más que los isleños, están en la franja media de la clasificación— tiene en su estadio a su mejor lanzadera y solo ha perdido dos de los catorce partidos que ha escenificado como local. Unos datos que contrastan con la trayectoria que ha seguido el Mallorca tras las paredes del estadio de Son Moix. Ahí encadena otras cinco derrotas y ha perdido seis de los siete últimos partidos que ha jugado. El único oasis de su tarjeta es la victoria que empaquetó contra todo pronóstico sobre la hierba del Metropolitano.

Una nueva caída en la acera blanquiazul de Barcelona tendría un efecto devastador para el Mallorca, que igualaría una pésima racha como la que sufrió por última vez entre octubre y noviembre de 2012, con Joaquín Caparrós marcando el paso. Después de un esperanzador inicio de temporada en el que recogió 11 puntos de 15, el equipo isleño perdió después contra el Getafe y lo siguió haciendo contra Granada, Sevilla, Real Madrid, Deportivo y Barcelona. Era muy pronto, pero comenzó a cavar un agujero en el que acabaría metido a final de campaña con un doloroso descenso a Segunda División. La derrota en Cornellà no solo devolvería al Mallorca a esa etapa de tinieblas sino que supondría una pesada losa sobre el vestuario, ya que el campeonato se detendrá para atender a los compromisos de las selecciones nacionales.

La Liga de la permanencia alcanza esta temporada a seis equipos, aunque podría acabar salpicando a ocho en función de lo que pase en estas próximas semanas. En principio, la pelea por seguir en pie la protagonizarán los seis últimos de la clasificación, reunidos en torno a nueve puntos —de los 28 que suma el Getafe a los 19 del Levante—, aunque la línea que separa la tierra firme del barranco está fijada en los 25 que suma el Granada, cuarto por abajo, aunque metido en una clara dinámica descendente que le llevó recientemente a gastar la bala del cambio de técnico. Más arriba y, por el momento, lejos de la onda expansiva, habitan el Espanyol, el Elche y el Rayo, con 33 puntos el conjunto catalán, que es duodécimo, y con 32 tanto el bloque ilicitano como el madrileño. Salvo que sufran un descuido prolongado, hoy parecen fuera del peligro.

Terreno prohibido

De vuelta al partido de mañana en Cornellà, la última victoria del Mallorca en el estadio espanyolista se remonta a la temporada 2010-2011 (1-2), con ambos equipos en Primera División. Pierre Webó y Emilio Nsue marcaron los goles visitantes, mientras que Álvaro Vázquez le puso su firma al de los locales. Desde entonces, el Espanyol no conoce la derrota en casa, con tres victorias (1-0; 3-2 y 1-0) y un empate (0-0) la pasada temporada en Segunda.

Mallorca y Espanyol ascendieron la temporada pasada empatados a puntos (82), aunque el conjunto catalán se proclamó campeón por la estadística particular tras una dura pugna que continuó este año en la Copa del Rey, donde los de LGP eliminaron a los catalanes en octavos de final.