Momento del segundo gol del Valencia. | MOISÉS CASTELL

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La juventud tiene esa vertiente inocente, jovial y descarada. Esas ganas de probar cosas, de ser atrevido. De caminar siempre por el alambre como un funambulista porque el riesgo no existe. Y si te caes, pues te levantas y lo intentas de nuevo. La juventud tiene sus cosas buenas (muchas) pero no desgrava cuando se convierte en inocencia. Entonces, son pecados de juventud.

En cierta forma, el Mallorca fue víctima de esos pecados para pasar de la gesta de aguantar el asedio de Mestalla durante la última media hora a la decepción por perder dos puntos (o dejar de sumarlos) cuando mandabas 0-2 rebasado el minuto 91. Kang-in Lee (20 años) fue Jekyll y Hyde. Héroe en la acción del primer gol, villano en la expulsión que obligó al Mallorca a remar contracorriente y con la lengua fuera durante demasiado tiempo. Una eternidad.

Fer Niño (21 años) también fue inocente -por decirlo suave- en una acción que debió acabar «muriendo en el córner» o probando un disparo... pero que resolvió de la peor manera posible: en el suelo reclamando una falta. En la siguiente acción, minuto 97 pasados, Gayà marcó el 2-2 para prender la mecha de Mestalla y desencajar al mallorquinismo. Otra vez en el descuento, como en San Sebastián. Yotra vez víctima de esos errores groseros que diría Cúper. No hay tiempo para lamentos ni lloros. El miércoles llega el Sevilla. A ver si esta vez la juventud es divino tesoro.