Abdón Prats muestra su dorsal con el número 9 tras marcar el gol de chilena al Almería que significó la victoria. El ‘artanenc’ ha sido el máximo goleador del Mallorca. | Archivo

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El Mallorca está de vuelta. Le ha echado el lazo al noveno y ha recuperado su espacio junto a la aristocracia nacional. Ha sucedido todo en una época extraña. En tiempo de pandemia. En un período de dolor y sufrimiento. Con el virus incrustado entre la vida de la gente, el fútbol, aún contaminado por la COVID, ha acabado convertido en un recordatorio semanal de la vieja normalidad.

El noveno ascenso a Primera se ha cosido prácticamente en silencio. Sin público en los estadios, el Mallorca ha firmado un curso prácticamente perfecto. Su nivel de fiabilidad sólo es equiparable al que ha ofrecido el Espanyol, el otro gran dominador del torneo.

⇒ Un puñado de meses antes de volver a tocar el cielo, el Mallorca tuvo que enfrentarse a una crisis importante. Vicente Moreno, el arquitecto del doble ascenso y un entrenador con un gran calado entre la hinchada balear, trasladó al club su firme intención de cambiar de aires. La decisión del preparador valenciano, que se había comprometido con el RCE Espanyol, desató una tormenta perfecta. El equipo había descendido y su gran gurú había comunicado que planeaba fugarse. Con anterioridad, a finales de febrero de 2020, la propiedad también había liquidado al tipo que mamejaba todos los hilos en los despachos (Maheta Molango).

⇒ En este escenario, Andy Kohlberg y Robert Sarver decidieron dar un volantazo a la organización. Su primera decisión fue no reemplazar la figura del CEO y la segunda bifurcar el club en dos grandes áreas: la de gestión y la deportiva. Para la segunda, los dos máximos accionistas eligieron a Pablo Ortells, lo que acabó originando la salida de otra figura estratégica del pasado: el director deportivo Javier Recio.

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⇒ El primer gran reto de la nueva secretaría técnica fue reemplazar a Vicente Moreno, que sostuvo un duro pulso con la entidad para rescindir su contrato. El elegido fue Luis García Plaza, un entrenador con muchas horas de vuelo pero alque casi todos habían perdido la pista, entre otras cosas, porque acumulaba cinco años trabajando en ligas menores (Emiratos, China y Arabia Saudí). LGP admitió desde el primer momento que llegaba a la Isla para devolver al Mallorca a Primera.

⇒ El incendio veraniego se completó con los casos Budimir y Stoichkov, que desde el primer día de la pretemporada intentaron forzar su salida. El croata acabó en Osasuna y el gaditano en Sabadell. Para subsanar la pérdida de gol, el Mallorca incorporó el último día de mercado a Marc Cardona y Amath Ndiaye.

⇒ Una derrota ante el Rayo Vallecano en la primera jornada de Liga (0-1) generó las primeras dudas, aunque el Mallorca no tardó en poner las cosas en su sitio. Tras la decepción del estreno, sumó 18 partidos oficiales sin perder. El equipo de García Plaza se había convertido en una roca impenetrable. Sus números, especialmente los que suscribió como visitante, no tardaron en acomodarle entre los mejores del torneo. Disparado hacia Primera, por el camino encontró la mejor versión de Salva Sevilla. Y también la de Abdón Prats. El noveno lleva sus nombres.