Valjent (100 partidos con el Mallorca) y Sevilla (500 partidos como profesional), recibieron una camiseta conmemorativa del club. | CATA GUASP

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El Mallorca se prepara para jugar en La Rosaleda un partido lleno de espinas. Después de más de dos meses sin clavar su bandera en territorio ajeno, el conjunto bermellón se ha propuesto aprovechar el viaje a Málaga para recuperar el sentido como foráneo y acelerar el papeleo del ascenso en un escenario en el que solo ha conseguido tres victorias en las dos últimas décadas. Eso sí, todas ellas cruciales para asegurar sus objetivos.

El hogar del Málaga, que es el segundo más accesible del campeonato tras el Carlos Belmonte de Albacete —el Málaga solo ha sumado 21 puntos como local en 18 actuaciones—, ya acabó siendo fundamental en el último ascenso del Mallorca a Primera División, hace ahora dos temporadas. Comandado por Vicente Moreno, que como Luis García Plaza en ese momento estaba sancionado tras haber sido expulsado semanas antes en Córdoba, el equipo bermellón irrumpía en la capital costasoleña en la jornada 36ª para enfrentarse a un Málaga dirigido por Víctor Sánchez que, a diferencia de lo que ocurre este año, andaba metido en el convoy delantero de la clasificación y acabó jugando después el playoff, donde le cortó las alas el Deportivo. Los isleños llegaban a Málaga cargados de dudas a domicilio. En muchos meses solo habían sido capaces de ganar en Las Palmas y poco antes acababan de desaprovechar una valiosa oportunidad para tomar posiciones en Córdoba, con su rival casi desahuciado. Sin embargo, ese día confirmó una candidatura que hasta ese momento no estaba cerrada. El equipo resistía en pie a las embestidas blanquiazules y con el partido acabándose aparecía Leo Suárez para mandar a la red un centro de Abdón y marcar su primer gol con el Mallorca (0-1). Un gol de los que van ganando valor con el paso del tiempo. Un derechazo al mentón de un rival directo que acabó siendo el primer ladrillo de la última escalera, la definitiva, hacia el cielo del fútbol español.

Las otras dos victorias que ha empaquetado el Mallorca en La Rosaleda, ambas en Primera División, también dejaron un poso agradable en su momento. En la primera, en febrero de 2001, el equipo de Luis Aragonés aprovechaba un tanto en propia puerta de Rafa (0-1) a la media hora de partido para afianzar su posición en las alturas y acabar oficializando meses después la segunda inscripción de su historia en la Liga de Campeones con una tercera plaza que le permitiría acabar incluso ocho puntos por encima del Barça.

La siguiente conquista del campo del Málaga (temporada 2005-06) fue por un objetivo muy diferente, aunque igualmente agradable. Metido en el barro prácticamente desde el inicio de campaña, el Mallorca llegaba a La Rosaleda pisando la zona roja y con un nuevo entrenador, Gregorio Manzano, que tomaba el relevo de Cúper tras nueve partidos seguidos sin ganar. En un ejercicio de fe, el equipo le dio la vuelta a la crisis con goles de Pisculichi y Campano e inició la remontada (0-2). De hecho, una semana más tarde y con las pilas cargadas, también derrotó en Son Moix al Madrid Galáctico y acabó forzando la dimisión de Florentino Pérez.

La Rosaleda, un estadio lleno de espinas en el que el Mallorca quiere volver a reconducir la historia y llevarla a su terreno.