Los jugadores del Real Mallorca celebran uno de los goles de su partido contra el Málaga. | M.A.Borràs

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Crecido y acelerado, el Real Mallorca pretende subir de nivel en uno de los estadios con más solera de la Segunda División. El equipo balear, al que los últimos resultados han situado sobre una lanzadera, aspira a conectar su tercer triunfo en siete días. Un triple salto que ya dio hace unas semanas que, en este caso, además, le permitiría pasar la noche en el ático de la clasificación y cerrar el fin de semana como líder provisional del campeonato, a la espera de lo que hagan el lunes Espanyol y Sporting. Para subir ese escalón y atrapar esa pieza, el conjunto de Luis García Plaza deberá echar un poco más de sal a las heridas de un Real Zaragoza que se empieza a quedar otra vez a oscuras (La Romareda, Movistar Vamos, 16.00 horas).

El Mallorca vive días felices. Ha superado con una sonrisa los traumas del verano, ha aireado el armario y ha encontrado cobijo en la libreta de Luis García Plaza, que ha conseguido que el equipo sea como un bloque de hormigón en medio del campo. La mejoría y la soltura que ha ido adquiriendo en ataque con el paso de las jornadas —escenificada esta semana con cinco goles en dos partidos— han terminado de empujar a una formación que mantiene la compostura en tiempos de rotaciones y no acusa los cambios de escenario. Es uno de los forasteros más solventes de la liga que mientras busca a su faro ofensivo ha convertido su ataque en una cooperativa: sus seis últimos tantos llevan firmas diferentes.

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En La Romareda, un recinto en el que tiende a asfixiarse, LGP volverá a darle una vuelta al equipo. Entre cuatro y seis cambios anunciaba el técnico antes de subirse a un avión con destino a la capital aragonesa. El técnico madrileño tiene mucho donde elegir y casi todos los movimientos de peones que ha ido probando últimamente han funcionado en su pizarra.

De cara a esta quinta salida del curso el Mallorca recupera a dos hombres para el centro del campo. Uno, Iddrisu Baba, básico en la vida reciente del equipo pese a que su ausencia apenas se notó en los partidos contra el Albacete, el Alcorcón o el Málaga. Sin embargo, los kilómetros que suman en las piernas otros de sus compañeros y la llamada de Ghana, que en unas semanas volverá a alejarlo del grupo, le conceden hoy una pequeña ventaja. El otro regreso es el de Murilo de Souza. El brasileño, ausente desde la visita a Lugo por unos problemas musculares, ha participado en tres partidos y siempre que lo ha hecho el Mallorca ha ganado.

Frente al aspirante al liderato estará un Zaragoza aún plagado de defectos al que el tiempo y la categoría se le echan encima. Al equipo maño solo le vale ganar para alejar a sus fantasmas.