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La historia recordará que el Granada desalojó al Mallorca de Primera en una extraña noche de verano, aunque la realidad es que el descenso se forjó muchos meses antes, durante la pretemporada de Marbella. Eran tiempos de adoración a Molango; momentos de soberbia exacerbada. Una época de absoluta egolatría que dejó sellado el destino del equipo.

Es un club gestionado por ejecutivos y donde el fútbol lleva compitiendo casi al mismo nivel con la mercadotecnia y las visitas en las redes sociales, su gran mérito ha sido acariciar el milagro hasta las últimas jornadas del torneo. El mérito es de Vicente Moreno Peris, que en los próximos días anunciará su final de ciclo en el banquillo balear.

Se equivocan los que relativizan el adiós del arquitecto del doble ascenso. Moreno ha sido más que un entrenador para el Mallorca. Un gurú en una institución a la que se le adivina una delicada transición. Habrá dado más de lo que se lleva.