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El Mallorca alteró en Eibar su rutina perdedora (1-2) en la periferia y se agarró con las dos manos al tren de la permanencia. Estratégicamente, era su última oportunidad. O casi. Un cara o cruz en toda regla para un equipo que lleva tiempo manejándose sin red. El triunfo balear resultó contundente. Más que por aritmética, si por fútbol y ejecución de un plan. Vicente Moreno superó en la pizarra a José Luis Mendilibar y su equipo hizo muchas más cosas que su adversario para meterse todos los puntos en la mochila.

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Ipurua confirmó que el Mallorca funciona francamente bien con Dani Rodríguez y Baba en la sala de máquinas y con Take Kubo campando a sus anchas, esencialmente, porque multipica su número de llegadas. Moreno solventó el problema de los laterales jugando sin laterales. Armó de nuevo una defensa con tres centrales —Sedlar, Raíllo y Valjent— y entregó los carriles a Pozo y Lumor. A diferencia de otros partidos, el Mallorca se sintió cómodo sobre un 5-3-2, especialmente durante su puesta en escena. Su primera media hora de partido resultó impecable y cuando se sintió algo agobiado logró ponerse por delante en el marcador.

El tanto de Dani Rodríguez elevó la moral de la tropa y dejó tocado al Eibar, que no supo remar contracorriente. A cámara lenta y con suspense, Kubo certificó que el Mallorca quiere quedarse en Primera...