DEPORTES. FUTBOL PARTIDO SEGUNDA B RCD MALLORCA - ALCOYANO. | Miquel Àngel Llabrés

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El Mallorca sigue guardando bajo tierra las llaves de su estadio. Un año lleva ya sin perder en Son Moix el conjunto bermellón, que ayer le cerró las puertas de su casa a un Alcoyano acostumbrado a lucir su mejor cara como visitante. Los de Vicente Moreno se reafirman así como el mejor conjunto local de toda la Segunda División B y son, junto al Sporting B y el Barakaldo, los únicos que no han perdido en su feudo esta temporada.

De momento, el conjunto bermellón puede celebrar que ha cumplido doce meses sin irse al suelo ante los ojos de su afición. La última vez que lo hizo fue el 25 de febrero del año pasado y, curiosamente, su verdugo aquel día fue un mallorquín y exmallorquinista, Pep Lluís Martí, que con su Tenerife arrasó al conjunto que dirigía Javier Olaizola (1-4). Los baleares se adelantaron muy pronto por medio de Juan Domínguez, pero los canarios pasaron el rodillo después del descanso y los dejaron clavados a la zona roja, de la que no saldrían.

Aquella goleada marcó un punto de inflexión en la trayectoria reciente del Mallorca. El equipo no pudo evitar de ninguna manera el descenso a la categoría de bronce —de hecho no tuvo ni que esperar a la última jornada para despeñarse— pero nadie le ha vuelto a toser entre las paredes de su casa. En esa misma temporada resistió a las visitas de Lugo, Levante, Nàstic, Córdoba, Elche, Almería, Numancia y Getafe. Y tras el cambio de página ha permanecido en pie durante los catorce partidos que ha protagonizado en Palma, por donde únicamente faltan por pasar el Ebro, el Formentera, el Lleida, el Olot y el Badalona.

Hasta ahora, los números del Mallorca como local tampoco tienen rival en los otros tres grupos de la categoría. La escuadra de Vicente Moreno ha recogido en el Camí dels Reis 34 de los 57 puntos que acumula en su cuenta corriente y está por encima de los que suman Talavera (29), Sporting B (33) y Marbella (31), los otros referentes en ese sentido.

Después de muchas temporadas caminando sobre el alambre y con las ventanas de su domicilio abiertas de par en par, el Mallorca se vuelve a sentir seguro dentro de su estadio y pretende construir ahí la plataforma que le permita salir cuanto antes a la superficie.