Tomer Hemed controla un balón ante la defensa de un jugador del Deportivo. | Pere Bota

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Real Mallorca 0 - 3 Deportivo de la Coruña

Mallorca: Miño; Ximo, Cadamuro, Bigas (Alfaro, min. 63), Kevin; Nsue, Generelo (Martí, min. 74), Thomas, Alex Moreno; Marco Asensio (Geijo, min. 54) y Tomer Hemed.

Deportivo de la Coruña: Lux; Laure, Alberto Lopo, Pablo Insúa, Diego Seoane; Sissoko, Rabello, Juan Carlos (Wilk, min. 76), Juan Domínguez; Luisinho (Arizmendi, min. 77) y Diego Ifrán (Borja, min. 62)

Goles: 0-1, min. 41: Sissoko de penalti; 0-2, min. 46: Luisinho; 0-3, min. 66: Borja.

Árbitro: Melero López (comité andaluz). Amonestó a Laure, Bigas, Kevin y Nsue, Generelo, Thomas, Martí.

El Mallorca está inmerso en un proceso degenerativo, delirante y autodestructivo que tiene pinta de acabar mal. Muy mal. El equipo fabricado en verano para ascender, que presumía del presupuesto más elevado de la categoría y que iba a subir sobrado, se adentra en las últimas curvas del campeonato en una situación crítica, con todas las luces de alarma encendidas, la soga al cuello y en plena lucha por evitar el descenso a ¡Segunda B!. El Deportivo, que apunta a Primera con solvencia, retrató las miserias de un conjunto hundido, descosido y atenazado por sus propias fobias que es incapaz de levantarse tras recibir el primer empujón. Aguantó el primer asalto ante el líder, pero se tambaleó con el gol de Sissoko de penalti al filo del descanso y se derrumbó tras el 0-2 de Luisinho en la primera jugada del segundo acto (0-3).

Pero más allá de resultados, de planteamientos o de jugadores, lo peor es que este equipo no transmite nada. Ningún atisbo de mejoría. Más bien todo lo contrario. Desprende un preocupante aroma a cadáver. Carreras no ha dado con la tecla y su grupo afronta el final de campeonato con el depósito anímico en reservas, sin convicción y sin ninguna fe en su entrenador. O sea, peor que con Oltra... Y lo más preocupante es que este Mallorca, con el objetivo ya a años luz, parece incapaz de batirse el cobre, de luchar cuerpo a cuerpo en el barro para no descender al pozo. Hoy por hoy, ni siquiera ofrece garantías de poder amarrar la permanencia sin problemas. Y eso es lo peligroso...

Antes de consumar el desastre, el Mallorca había hecho más méritos que el Deportivo, pero el árbitro Melero López estropeó la mejoría en dos acciones dudosas. A los cinco minutos anuló un gol a Nsue, que parecía rematar en posición legal. Y en la jugada posterior al primer tanto del Deportivo no señaló penalti una caída de empujón de Insúa a Hemed dentro del área y anuló el gol posterior. Entre medias, el Mallorca respiraba gracias al triángulo que formaban Thomas, Alex Moreno y Marco Asensio, aunque temblaba en defensa -en especial Cadamuro, que estuvo lamentable- y Generelo regalaba todos los pases. Alex Moreno y Nsue se encontraron con Lux en dos remates consecutivos. Ahí pudo estar el partido. Pero a los 40 minutos, un empujón de Kevin a Ifrán dentro del área, alteró el duelo. Sissoko engañó a Miño y prendió la mecha del triunfo gallego. Los pupilos de Vázquez, que no habían hecho nada, se iban ganando al descanso. Más madera.

La primera acción del segundo tiempo enterró cualquier atisbo de reacción. Hemed perdió un balón en el centro del campo y Laure lo exprimió con una acción de mérito; una pared y un centro que Ifrán dejó pasar y Luisinho remachó. 0-2, minuto 46 y Son Moix en llamas. Quedaba casi todo un tiempo y el Deportivo ya era el vencedor del partido. Los isleños habían bajado los brazos.

La reacción de Carreras fue incomprensible. El entrenador retiró a Marco, el único jugador capaz de dar un último pase, para meter a Geijo. La grada arrojó chatarra contra el técnico por un cambio que invitaba más a no caer goleado que a ir a por el partido en la última oportunidad para engancharse al playoff del ascenso. Quedaba más de media hora de partido, pero las armas ya se habían entregado.

De ahí al final, el estadio desprendía un aroma a tristeza. A abandono. A pena de lo que fue el club y en lo que se ha convertido. El Deportivo manejó el duelo a su antojo perseguido por once cadáveres. Los de Vázquez dieron la puntilla a la contra. Entre Generelo y Cadamuro se hicieron un lío y Borja Bastón selló la goleada. Son Moix reaccionó al 0-3 con aplausos, una estampida general y gritos de «directiva, dimisión». Un ejemplo del proceso de descomposición en el que está sumido el equipo. Un bloque que ya solo aspira a mantener la categoría con cierta dignidad y amor propio. Si es que tienen...