El técnico valenciano ha estado flanqueado en su adiós por el presidente Gabriel Cerdà y el director deportivo Toni Prats, | M. À. Cañellas

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Su rostro reflejaba pena, decepción, aflicción... Sus ojos, una inmensa tristeza. Pese al trato humillante que ha sufrido en sus últimos días en el Real Mallorca, José Luis Oltra volvió a dar una lección a los consejeros para redactar su epitafio en el club balear. El técnico valenciano, arropado por toda su plantilla, ofreció una despedida elegante, con algunos dardos bien dirigidos y cargada de emoción. Durante los treinta minutos de comparecencia se mordió la lengua en un par de ocasiones, sobre todo cuando se le mencionaba a Llorenç Serra Ferrer, porque «no me conduce a nada decir todo lo que pienso».

Oltra se sentó en la tarima tranquilo. Rodeado de flashes, su nivel de emoción comenzó a subir a medida que los jugadores iban tomando posiciones en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva. Antes de tomar la palabra, suspiró y tragó saliva. «La verdad es que es un momento de despedidas y no quiero emocionarme, pero el hecho de ver aquí a la plantilla ya me ha hecho emocionarme. No lo esperaba y lo que no quiero es hacer sentir pena a nadie», comenzó el entrenador valenciano.

El preparador reconoció haber «llorado mucho» en la intimidad por la agonía que ha tenido que sufrir en sus últimos días al frente del vestuario bermellón: «Han faltado el respeto a José Luis como persona y a Oltra como entrenador. Y me atrevería a decir que también a la afición y a la propia entidad. Lo que he vivido aquí no se lo deseo a nadie. Yo me he portado bien con todo el mundo, o al menos lo he intentado, y no he sido correspondido», indicó.

Para el exentrenador del Mallorca, su situación de inestabilidad viene prácticamente desde el principio de la temporada: «En la quinta jornada ya estaba destituido; en la jornada 9, en Tenerife, también volví a estar cesado. Ante el Alavés... esto ha sido cíclico. Ha sido terrible lo que tanto yo como mi cuerpo técnico y nuestras familias hemos tenido que pasar. A nivel personal y humano, la pesadilla acaba. Entiendo que se tomen decisiones porque forma parte de mi trabajo, pero he sido víctima de una situación, de una inestabilidad institucional, de unas guerras de poder».

Preguntado sobre si coincide con aquella sentencia de Laudrup («el Mallorca será lo que Serra quiera que sea»), puntualizó: «No quiero personalizar. Hay veces que te dan ganas de salir y explotar, pero no voy a hacerlo. El Mallorca será lo que el consejo quiera y la afición también tiene muchas cosas que decir y el balón», indicó.

Cada vez que se le preguntó por Serra Ferrer optó por «no entrar más en el tema», aunque puntualizó: «Pensaba que si alguien podía entenderme más podía ser él, pero también está inmerso en esta guerra de poder. Yo he tratado siempre muy bien a las personas y creo que no se me ha correspondido. No se podían haber hecho las cosas peor».

Afición

También quiso agradecer el apoyo de la afición porque «siempre me ha mostrado su respaldo» y afirmó que si Lluís Carreras «me pide algún tipo de consejo, se lo daré encantado». «Ojalá él tenga esa estabilidad y esa ayuda necesaria para que todo salga bien».

Pese a todo el calvario sufrido, espera que esta experiencia única le sirva de cara al futuro: «Tengo la conciencia tranquila porque siempre he pensado antes en el Mallorca que en mis propios intereses. Para mí, al margen de lo sucedido, ha sido un placer estar aquí, soy un mallorquinista más y ojalá que todo le vaya bien. Creo que esta plantilla».

Después de media hora, José Luis Oltra se levantó con rapidez para ocultar su emoción en medio de los aplausos de los jugadores y los periodistas allí congregados.