Lance del partido entre el Real Mallorca y el Córdoba. | Teresa Ayuga

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Real Mallorca 2 - 2 Córdoba

Mallorca: Miño; Ximo, Bigas, Nunes (Víctor Casadesús, min. 78), Kevin; Nsue, Vallejo (Gerard Moreno, 52), Thomas, Alex Moreno; Alfaro y Geijo (Tomer Hemed, min. 62).

Córdoba: Saizar; Campadabal, Bouzón, Raúl Bravo, De Los Reyes; Pedro (Nieto, min. 69), Luso, Abel, López Silva ; Caballero (Pelayo, min. 65) y Xisco

Goles: 0-1, min. 14: Xisco (Arturo, min. 75); 0-2, min. 53: Pedro; 1-2, min. 59: Gerard Moreno; 2-2, min. 81: Gerard Moreno.

Árbitro: Sánchez Martínez (comité murciano). Expulsó a Luso en el minuto 91. Amonestó a Caballero, Raúl Bravo, Alfaro, Nsue.


En medio del fuego cruzado y entre el silbido constante de los proyectiles, el Mallorca sigue sin encontrar su sitio. En otro partido con dos pendientes muy pronunciadas, el conjunto de José Luis Oltra acabó rescatando un punto que le mantiene pegado al Córdoba, pero que le obliga a permanecer al otro lado de la valla. Tras suscribir uno de los peores primeros actos del curso, el equipo se levantó a tiempo gracias a un error de Saizar y, sobre todo, a la pegada de Gerard Moreno, que volvió a reivindicarse con un doblete que le desmarca claramente como el artificiero más fiable de la plantilla. Al final llegó a fantasear incluso con la victoria, aunque su ingreso en la zona de ascenso está todavía lejos de concretarse (2-2).

El Mallorca despertó como la jornada. Plomizo y en silencio, trató de arrebatarle al Córdoba el patrón del encuentro, pero su decálogo se evaporó de forma instantánea frente a la telaraña verdiblanca. Los andaluces, lanzados por sus hombres más avanzados del centro del campo, empezaron a crearle problemas y forzaron a Miño a trabajar más de la cuenta. Sobre todo Xisco Jiménez, un incordio continuo que invirtió todo el primer tiempo en reivindicarse como uno de los puntas más feroces de toda la categoría. De hecho, abrió la veda a la ocho minutos para poner a prueba al portero mallorquinista y cinco minutos más tarde descorchaba el marcador después de que Pedro rajara a la zaga local por su flanco izquierdo.

El delantero de Santa Ponça cabeceaba a placer en el segundo palo y empujaba hacia un charco al conjunto isleño, peligrosamente habituado ya a caminar con el viento en contra.

De ahí hasta el descanso el mayor mérito del Mallorca fue mantenerse a salvo. Casi todo lo destacable sucedió en el medio campo rojillo y entre el propio Xisco, López Silva, Pedro y Caballero le dieron al partido la forma que quisieron. Mientras tanto, en la acera local solo sobresalía Miño, cuya sombra crecía por momentos para minimizar las ocasiones del conjunto califal. Solo al final, con el descanso encima, se atrevió el Mallorca a sacar el brazo. De forma tímida, en cualquier caso, con un lanzamiento de falta de Alfaro que murió en la parte externa de la cruceta. Nada más.

Los bermellones intentaron recuperar algo de gas tras el descanso, pero otro balazo del Córdoba, en este caso dirigido por Pedro, trajo la noche antes de tiempo. Como en otras muchas jornadas, todo parecía acabado.
Sin embargo, antes de que sonara la campana y en plena oscuridad, emergió Gerard, que se había sumado a la batalla justo antes del tanto cordobés. El catalán probó suerte con un tiro desde el balcón del área y que se escurrió entre las manoplas de Saizar. Con muy poco, el Mallorca volvía a engancharse al partido.
El acercamiento inquietó al Córdoba y revolucionó a los de Oltra, que acariciaban el empate poco después, tras varios rechaces en cadena alimentados entre Álex Moreno y Hemed.


Viendo que a los de Pablo Villa les temblaban las piernas, el entrenador del Mallorca siguió amontonando delanteros. Pasó la tijera por la defensa y la sala de máquinas y llegó a juntar en unos metros a Alfaro, Víctor, Gerard y Hemed, con Álex Moreno y Nsue a sus costados. Hasta que llegó el premio, a nueve minutos del final. El máximo goleador rojillo recibía un envío de Alfaro que dejaba pasar Víctor y superaba a Saizar con un fino remate que empaquetaba el empate final. Al final, el equipo también pudo darle el golpe de gracia a su rival, pero tuvo que contentarse con no descarrilar. Que no es poco...