Alejandro Alfaro celebra su segundo gol. | Joan Torres

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Mallorca 2 - 0 Girona

Mallorca: Miño; Ximo, Nunes, Bigas, Kevin; Nsue, Thomas, Álex Vallejo, Moreno (Antonio López, min. 89); Alfaro (Víctor Casadesús, min. 66) y Geijo (Tomer Hemed, min. 70).

Girona: Becerra: López (Moisés, min. 30), Richy, Migue, Junca; Matamalas (Eloi, min. 57) y David Timor; Jofre (Carmona, min. 70), Alex Castro, Felipe; Gerard Bordas.

Goles: 1-0, min. 36: Alfaro; 2-0, min. 51, Alfaro de penalti.

Árbitro: Piñeiro Crespo (comité asturiano). Amonestó a Migue, Ximo, Víctor, Moisés.

En mitad de la borrasca, el Mallorca ha encontrado un oasis desde el que disfrutar del único fin de semana libre de la temporada. Podrá dedicar el parón navideño a limpiar la mente el equipo de Oltra, que se mantiene próximo a las plantas altas de la categoría a pesar de sus continuos bandazos. Agarrado esta vez a la puntería de Alfaro y a la solvencia de Miño, dos de las apuestas más controvertidas del técnico, el conjunto balear derritió con una holgura sorprendente a un tierno Girona y liquidará el 2013 con un amago de sonrisa. Porque mientras los jugadores se retiran a sus refugios de invierno, los tambores de guerra seguirán atronando con fuerza entre el palco y la grada (2-0).

Antes de que el tiempo cambiara, el Mallorca se apresuró a gestionar todos los detalles de una jornada envenenada. Alertada por esa posible carga de motivación con la que viajaba el rival de turno —el Girona estrenaba técnico en Son Moix—, la escuadra isleña se responsabilizó desde el primer minuto de la vara de mando. En menos de diez minutos, los catalanes ya se habían descosido y celebraban no haber encajado aún ningún tanto, ya que Alfaro enviaba al limbo un buen centro de Nsue y Becerra, inmenso, durante todo el tramo inicial, parecía un gigante apostado bajo el larguero visitante. Primero abortando un remate forzado de Álex Moreno y luego, dilapidando un milimétrico tiro de Emilio Nsue. A simple vista, la maquinaria estaba activada.

Oportunismo

El temor a otro revolcón empezó a difuminarse del todo tras rebasar el primer tercio del combate, durante un lío en el área. Alfaro, atento y bien ubicado, recogía un balón suelto ante la portería y se sacudía con un zurdazo su fallo previo (minuto 36).

Se abría más que nunca el cielo sobre Son Moix, que asistía esperanzado a una representación cómoda de su equipo. Sin llegar a lanzar fuegos artificiales, el Mallorca tenía sometido a un Girona que solo se mostró respondón al filo del descanso, por medio de Jordi Matamala.

Ni siquiera el descanso modificó el mapa del encuentro, que lucía un llamativo color rojillo. Justo tras la reanudación, Nsue tuvo en su mano la llave de la victoria, pero remató con un testarazo demasiado blando la primera maniobra del segundo acto y le dio unos minutos más de vida al Girona. Tampoco demasiados, porque a la salida de un saque de esquina posterior Piñeiro Crespo apreció un empujón sobre Nunes y marcó sin dudarlo el punto de penalti. Lo lanzó Alfaro, que acuñó un doblete reparador en el plano individual y colectivo.

Los minutos siguientes al 2-0 fueron determinantes para el tamaño del triunfo, ya que el Mallorca pudo haber ensanchado el marcador de manera clara. De hecho, si Alfaro no se hubiera cegado con firmar el hat-trick, el equipo hubiera optado a su primera goleada de la temporada.

Superado el golpe, el Girona se serenó y aprovechó la relajación del Mallorca para acercarse. El centro del campo se encharcó y los de Javi López armaron alguna ocasión de importancia. Por unos instantes crecía la sensación de que el cuadro bermellón volvería a complicarse la vida sin sentido. Esa percepción se acentuó en la fase más confusa del encuentro, que coincidió con un penalti cometido por Ximo. Jandro reclamó la bola y se ofreció a cubrir de suspense la confrontación. Pero Miño, cuestionado tras sus errores en Jaén, se estiró para subir el volumen de la fiesta y mantener enchufado al Mallorca antes de darle la vuelta al calendario. La vuelta de Hemed, que no desfilaba por Son Moix desde el mes de mayo, amplificó las celebraciones del primer triunfo libre de agobios del ejercicio. Al fin.