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Fiel a su cita anual y a una de sus tradiciones más consolidadas, el mallorquinismo de base sigue respondiendo. A pesar del descenso del primer y el segundo equipo, la Diada de Penyes Mallorquinistes volvió a reunir en Lluc a unos doscientos peñistas y aficionados, que disfrutaron de una intensa jornada en rojo y negro que culminó con un fideuà de hermandad presidida por el trofeo de la Copa que celebra estos día sus primeros diez años de estancia en las vitrinas del club. Sin embargo, la cita contó esta vez con un elemento diferenciador con respecto a otras ediciones recientes. Por primera vez en los últimos años, el entrenador de la primera plantilla, José Luis Oltra, y casi todos los miembros del consejo de administración (solo faltó el abogado Miquel Coca, que teóricamente se desvinculará del órgano de gobierno a corto plazo) acudieron a la trobada y aparcaron, aunque fuera por unas horas, todas esas hostilidades que se han ido reproduciendo en los despachos de Son Moix desde hace casi dos años. Además, al margen de contribuir a la soñada cohesión con su presencia, Serra Ferrer, Biel Cerdà, Utz Claassen, Pedro Terrasa y Pep Roig acabaron interviniendo de manera directa en la fiesta. Después de mucho tiempo, la entidad proyectó una imagen de unidad que parece obligada para darle forma a ese deseo colectivo que se trazó en la carpa del Acolliment del Centenari: volver a celebrar dentro de un año el regreso a Primera División.

Como es habitual, la Diada gravitó en torno a una serie de actos indispensables en la visitas al municipio de Escorca. Tras la llegada de los dos centenares de peñistas y superado el mediodía, se celebraba una misa solemne en la basílica de Lluc que era oficiada por el sacerdote del Mallorca, Jaume Alemany. Y a continuación, se producía uno de los momentos más emotivos con la ofrenda de un gran centro de rosas a la Verge de Lluc en señal de agradecimiento. Las flores, con las que habitualmente se agradecía la permanencia, servían esta vez para confiar en un futuro más optimista y eran posadas sobre una bandera mallorquinista en el altar del templo. A partir de ahí la acción volvía a trasladarse a la explanada y mientras se preparaba el fondo de la fideuà y los pequeños jugaban, los consejeros y Oltra debatían con los aficionados y compartían aperitivo.

Antes de que se repartieran los platos y de que el mallorquinismo militante se reuniera a manteles, tocaba otro pequeño homenaje, escondido esta vez en el turno de los discursos. El presidente de la Federació de Penyes Mallorquinistes, Miquel Mesquida, Barralet , miraba al cielo para recordar a Miguel Garro, el impulsor de la Diada, y a Don Bernat s'Apotecari . Agradeció, a su vez, el gesto de los consejeros que habían acudido al encuentro y su buena predisposición. Serra Ferrer, por su parte, pedía perdón a los aficionados por el descenso y les emplazó a volver al final del curso que viene con el ascenso asegurado. Tras la comida, le tocó a Claassen, Terrasa, Roig y Cerdà agradecer al mallorquinismo su esfuerzo y brindar por la futura y anhelada vuelta a Primera.