Giovani dos Santos apunta al cielo para celebrar el gol que le marcó el sábado al Valladolid en la última jornada del campeonato.

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Hasta 29 actores han llegado a intervenir en el rodaje de la temporada más negra del Mallorca en la era contemporánea. Bajo la producción de una parcela deportiva monopolizada por el máximo accionista (Llorenç Serra Ferrer) y siguiendo las instrucciones de dos experimentados directores (Joaquín Caparrós y Gregorio Manzano), la plantilla se descolgaba del que había sido su entorno durante más de tres lustros y desaparecerá del mapa principal de la Liga tras circular cuesta abajo durante un montón de meses.

El vestuario, que el sábado acabó inundado en lágrimas, nunca se adaptó del todo a la fisonomía que trataron de aplicarle sus responsables el pasado verano. Y poco a poco, por una razón o por otra, se ha ido desintegrando. A pesar de esos casi treinta personajes que han desfilado por la caseta, la mayoría han ejercido como secundarios o simples figurantes y el colectivo, salvo unas cuantas excepciones, ha echado en falta el liderazgo y el compromiso de algunos de sus miembros más destacados.

La plantilla que se ha lanzado al vacío protagonizó un alumbramiento complejo. Caparrós, con el respaldo incondicional de Serra, sacó el bisturí y forzó la reinvención de la que había sido la base de su éxito como técnico del Mallorca: la zaga. El equipo, que había llamado a las puertas de Europa con una defensa tipo formada por Cendrós, Ramis, Chico y Cáceres, perdió a toda la línea al completo y desprecintó el curso partiendo de cero. Y aunque Capa confió en todo momento en la reforestación de la zona, el cuadro isleño baja de planta después de recoger 72 balones del fondo de su portería, la peor marca de su historia en Primera División.

La defensa del Mallorca ha sido un carnaval durante todo el ejercicio. Ni un técnico ni otro llegaron a localizar una pareja de centrales estable y las fisuras se cebaron también en los laterales. A la derecha, un espacio reservado en principio para Ximo y Nsue (Zuiverloon se marchó cedido a Holanda por sus diferencias con Caparrós), hubo que recurrir en enero al mercado británico para dar con un parche: Alan Hutton. Y a la izquierda, donde se amontonaban hasta cuatro efectivos, todo eran problemas. Antonio López, llamado a ser uno de los puntales de la formación, llegó a la Isla muy castigado por las lesiones y su papel no ha pasado de residual. Las opciones de Bigas y Kevin tampoco cristalizaron y al final ha acabado llenando ese hueco Antonio Luna. El defensa cedido por el Sevilla, reclutado por Caparrós en el mercado invernal, fue entrando y saliendo del once con relativa frecuencia y Manzano solo se ha aferrado a sus condiciones cuando ya no había casi nada que hacer.

A partir de ahí, todo han sido problemas. Incluso por detrás de la zaga, donde la solvencia de Aouate se había revelado como uno de los mayores argumentos del club. El internacional israelí, más irregular que nunca, tampoco ha sabido contener la hemorragia. Sobre todo, cuando el equipo más le necesitaba. Juan Calatayud, condenado por su anunciada marcha (acaba contrato y abandonará la entidad) y Rubén Miño (incorporado de la cantera del Barça) cumplieron cuando hubo que hacerlo, pero ningunó logró apartar al hebreo de debajo del larguero.

Lesiones y fichajes

Una de las mayores apuestas del Mallorca se ubicaba en la sala de máquinas. Javi Márquez salía por la puerta de atrás de Cornellà y llegaba a Son Moix a través de un extraño intercambio que trasladó a Tejera al Espanyol. Sin embargo, hasta el último sector del calendario no ha funcionado. Una lesión de tobillo quebró su proceso de integración en el grupo y cuando acabó de incrustarse del todo, en los meses cruciales de la competición, estuvo por debajo de lo esperado.

En cualquier caso, todo el centro del campo ha sido objeto de conflicto. La baja de Joao Victor, que había iniciado el año de forma impecable, rompió la armonía y le privó de tomar el relevo de Márquez cuando éste se lastimó el tobillo contra el Valencia. Caparrós avaló entonces el fichaje de Fontàs, pero el barcelonista ha sido un extra más. Con el utrerano y con Manzano, que apenas le ha utilizado. De hecho, también ahí el club acudió al bazar para hacerse con los servicios de un irregular Fernando Tissone. Solo Pina, muy regular, y Martí, en un epílogo heroico, han elevado la media. Mientras tanto, las alas estaban amputadas. Con Capa no empujaban y con Manzano, más partidario del trivote, no existían. Por eso Emilio Nsue solo brilló a ráfagas y a Michael Pereira aún se le espera.

En la vanguardia todo ha recaído sobre la efervescencia de Gio dos Santos, las idas y venidas de Víctor y acierto rematador de Tomer Hemed, máximo goleador mallorquinista. Y al margen de una serie de encuentros muy concretos de Alfaro y de dos tantos aislados de Arizmendi, el abismo.

El reparto del último paseo por las nubes se completa con los cuatro canteranos que recibieron la alternativa de Joaquín Caparrós: Álvaro Giménez, Marc Fernández, Charlie Took y el juvenil Brandon Thomas.