Los jugadores del Mallorca, tras el entreno de ayer. | Juan García

17

En junio de 1997 el Mallorca alcanzó la gloria en Vallecas. Desde entonces han sido 16 años de fútbol en Primera División donde la afición bermellona ha vivido en primera persona los momentos más dulces de un club que se encamina al centenario y que hoy se juega seguir en esa gloria que tanto costó conseguir con Bartolomé Beltrán al frente del proyecto.

El Mallorca se juega hoy la Primera División y lo hace con la impotencia que supone no depender de uno mismo para salvar la categoría. Tienen que fallar Deportivo, Celta y Zaragoza y eso a estas alturas se antoja una carambola excesivamente compleja. Además, el equipo de Manzano tiene que sumar los tres puntos, aunque esto se da ya por descontado.

Los jugadores del Valladolid se han ganado a pulso poder situar el choque de esta noche en un lugar alejado en su lista de prioridades. Su entrenador ya se ha despedido y la pasada semana ante el Celta de Vigo el equipo pucelano ya exhibió una falta total de motivación y ganas de jugar. Hoy previsiblemente su estado de ánimo estará más centrado en el plan de vacaciones que en el desarrollo de los noventa minutos. Eso es una ventaja para el Mallorca que con Gio o sin él no debería tener excesivos problemas para sacar su partido adelante.

Goles y presión

Si la motivación del Valladolid es cero, la de los jugadores del Mallorca debe ser de más diez porque solo adelantándose pronto en el marcador y imprimiendo un ritmo alto al partido podrán presionar a sus más directos rivales. Es la carta que resta por jugar esta temporada. No queda más. Hay que salir desde el minuto cero a ganar, a marcar y a esperar. En la grada la afición escuchará la radio, rezará cada uno lo que sepa y si es necesario hará penitencia. Durante los noventa minutos solo queda animar, gritar, empujar al Mallorca. Después ya se verá lo que ocurre. Si se baja a Segunda previsiblemente la afición exteriorizará su enfado, aunque ha habido tiempo suficiente para ir haciéndose a la idea del final tan oscuro que se presenta.

Partidos como el de esta noche miden la fe de las personas, su capacidad de creer en los milagros. Lo de hoy en Son Moix suena a despedida de una etapa mágica en el Mallorca, aunque todavía resta un pequeño hilo de esperanza al que agarrarse. Sin Hemed lesionado, el once titular volverá a sufrir modificaciones, aunque esto a estas alturas de la película es casi lo de menos. De lo que se trata es de ganar, juegue quien juegue, cerrar el partido pronto y encomendarse a las noticias que lleguen desde Riazor, Balaídos y La Romareda. Hoy se disputa la batalla final. ¿La última en Primera?