Sergio Tejera, Emilio Nsue, Gonzalo Castro, Tomás Pina y Pedro Bigas corren a felicitar a Tomer Hemed tras anotar el penalti que abría el marcador en el Calderón. | Ricardo Ordóñez

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Cuatro penaltis en tres jornadas y tres puntos de beneficio. Varias temporadas después, parece que el Mallorca ha superado el trauma de los once metros y vuelve a sacarle punta a las penas máximas. Los bermellones, aliados últimamente con las decisiones arbitrales dentro del área opuesta, rescataron ayer otro empate en territorio hostil y siguen llenándose los bolsillos pese a transitar por uno de los sectores más empinados del calendario.

Por extraño que parezca, el Mallorca es a día de hoy el equipo de la Liga al que se le han señalado más penaltis a favor. Y, curiosamente, todos ellos se concentran en una franja de poco más de veinte días, ya que hasta el pasado 1 de octubre, cuando irrumpió en el domicilio de Osasuna, no había disfrutado de ninguna oportunidad de ese tipo.

A la vez que dejaba de sentirse perseguido por los árbitros, el Mallorca ha saldado otra deuda que amenazaba con convertirse en histórica: encontrar un lanzador de penaltis fiable. Y Hemed, que parecía que empezaba a atascarse durante su aclimatación al fútbol español, se ha erigido en ese hombre. En los últimos años Aduriz, De Guzman, Castro o Webó se habían estrellado ante el portero rival y habían acabado arrojando a la papelera sus lanzamientos, generando así una especie de ansiedad que había limitado el desarrollo del equipo en momentos puntuales. Sin embargo, la aparición del israelí ha derribado todos esos complejos que iban creciendo. Y lo ha hecho, además, sin la necesidad de mirar el cronómetro, totalmente ajeno a la presión. Como si no fuera con él.

Hemed puso la primera piedra en el Reyno de Navarra. Primero, presumiendo de su frialdad para superar a Andrés y adelantar al Mallorca. Y luego, para nivelar el marcador a falta de diez minutos, en un momento crítico. Eran sus primeros tantos en la Liga, su presentación ante el gran público, una gigantesca inyección de confianza.

La historia tuvo continuidad quince días más tarde, tras el parón para atender a las selecciones nacionales. En casa y ante el Valencia, el Mallorca se adentraba en el epílogo con el agua al cuello hasta que se le abría el cielo en forma de penalti. El delantero internacional israelí volvía a levantar la mano, burlaba la guardia de Guaita y blindaba un punto. Otro más.

Ya en el Calderón, la escuadra rojilla recorrió el camino opuesto. Fernández Borbalán apreció una mano de Silvio a centro de Tissone en plena génesis y Hemed marcó de nuevo el terreno. Por lo que parece, el Mallorca ha encontrado al ejecutor ideal